995   HILLARY, LAS INCONGRUENCIAS Y LOS LINCHAMIENTOS

 

El sábado pasado comentábamos, en un desayuno, la muerte a manos de una multitud de dos presuntos secuestradores, y la quema después de sus cuerpos. El comentario primero fue: "se ve que hay reac­ción por parte de la gente...". Después, ya pensando más, siguió una valora­ción más correcta: aquello fue un asesinato, aunque como en casi todo haya diver­sos aspectos que considerar. Pero global­mente, no hay otra actitud socialmente sensata que rechazar "eso" de plano. Aunque no sean "presuntos" sino "auténticos" bandidos. A 'eso' no se le puede llamar "tomar la justicia por sus manos": en todo caso, sí "por sus ma­nos", pero no es "justicia";  es un asesi­nato, un cri­men. Otra cosa, que no toco de intento aquí, es qué hacer para solu­cionar el problema evidente de la violencia y de la ineficacia de la policía. Lo que es claro -y seña­larlo pienso que ya es tre­menda­mente cons­tructivo- es que este "tomar la justicia por su manos" no sólo no es el siste­ma, sino  que, además, es un daño objetivo para vida de toda la socie­dad: nos hace un daño a todos.

 

Estamos tocando el problema de las incongruencias, de la falta de lógica o de coherencia.  Un caso clamoroso, a este respecto, fue la "regañada"  que, hace algunos meses,  Hillary Clinton dio a los chinos por los mi­llones de abortos que estaban haciendo, sin que hubiera una clara libertad de las madres. Muchos aplaudieron: "al fin les hablaron claro a esos chinos...etc..."  Quienes dijimos "eso", hasta desp­ués caímos en la cuenta del daño tremendo que nos hacemos admi­tiendo ese planteamiento. Porque es preciso partir de que el hacer abortos es un asesinato, y precisamente con la criatura más indefensa del mundo. Ésta es la valoración básica, lo de más bulto, que debe decirse  acerca de la matanza que hacen los chinos.  Aunque los abortos se hi­cieran con libertad, seguiría siendo un horror. Por su­puesto, que es malo que a alguien se le fuerce a cualquier cosa; pero es tremendamente dañino hacer notar esto sólo, y pasar por alto el punto tremendo y básico de que se trata de un asesinato. Parece como que si los hubieran hecho con libertad, los habría justificado. Que lo pregunten -si se pu­diera- a los millones de niños no-nacidos en Esta­dos Unidos...

 

Recientemente escuché una conferencia espléndida de Mons. Morandi­ni, Nuncio de Su Santidad. Fue realmente una tertulia ­­amable, en la que mostró la personalidad humana -tremendamente humana- del Papa, y al mismo tiempo, su coherencia de doctrina con la vida. Es el contraste con algunos otros personajes públicos. Contaba el Nuncio que cuando estuvo con el Presidente recién llegado del aero­puerto, cuando se sentaron en Palacio, escuchó que le decía el Papa al Presidente: "Ya no puedo más"; estaba agotado. Es un hombre con doctri­na sólida, cohe­rente. Tan coherente que se da a sí mismo hasta el agotamiento. Y por esto atrae hasta a personas no cató­licas. Es la antítesis de la incon­gruencia.

 

En la misma prensa del sábado venía una noticia que en princi­pio tenía algo de positivo: unos particulares habían detenido a un presunto delincuente y lo habían entregado a la policía. Lo malo es que la foto recordaba escenas de años ya -afortunada­mente- muy pasados, pues los captores parecían del Ku-kux-klan: esta­ban en­capuchados. Y a los presun­tos  delincuentes, además,  los habían desnudado y golpeado gravemente (así puntualizaba la prensa). Ló­gic­a­mente es correcto detener a un delincuente, si la policía no lo hace; pero no se le puede infligir -a no ser en caso de legítima defensa- vio­lencia de ningún tipo. Y menos, que lo enseñen en la prensa casi en plan de apología. Y es la misma conclusión: por supuesto que hay que parar los robos y detener a los ladrones: pero hacer "eso" que aparecía en el periódico, ni es el camino ni contribuye a mejo­rar las cosas. Ya todos estábamos de acuerdo en suprimir las PAC, me pare­ce...

 

Quizá la conclusión de todo esto es que hay que tener un sano jui­cio crítico. Hay que saber "desmontar" lo bueno de lo malo. Esto es muy importante, porque si no se mantienen los valores éticos tradi­cionales, si no se de­fien­den y no se inculcan -desde los medios de comunicación social hasta los comentarios personales-, la conse­cuen­cia no será la tolerancia, sino que, por contraste, al no haber verdad objetiva, "todo valdrá", todo será bueno. si a mí me lo pare­ce. Y haré lo que quiera.

 

Lo anterior no es un simple "problema" del subdesarrollo. Este mal lo padec­en sobre todo países "desarrollados" que han mandado al arcón del olvido los valores cristianos. Al tener valor, para esas socie­dades, sólo lo que sir­ve, solo lo que proporciona bienestar mate­rial, les ha invadido un "nuevo paga­nismo" que les asfixia. Y éste es el verdadero problema contra el que debemos estar atentos y reaccionar. A nosotros, en realidad, nos llegan sólo los coleta­zos de esta nuevo paganismo de la vieja Europa y de Estados Unidos, del pro­fundo vacío de humanidad que les aqueja.

Quizá podríamos terminar con un alerta ante lo que es verdaderamen­te el principal enemigo. Se trata de el desánimo, de la cobardía, de la pereza  que lleva de mostrar sólo cal­lejones sin salida. El Papa lo re­cordaba con clarividencia: "La caída de barreras históri­cas -se refería al mundo marxista- nos ha llevado a soñar con un mundo nuevo de libertad y fraternidad. Por desgracia en muchos casos los hechos posteriores han defraudado nuestras expectativas. Pero el desafío sigue siendo urgente y pro­metedor. Nadie ceda al desánimo. Nadie se substraiga a la tarea de construir una sociedad fiel a su noble y profunda tradición civil y espiritual.  Queremos entregar al nuevo milenio un mundo que siga buscando en el Evange­lio el principio inspirador de la convi­vencia en la libertad y la solidaridad".  Apliquemos esto cada uno de nosotros a Gua­temala, a todos los que nos rodean  y, de ahí, al mundo entero: ¡pode­mos!.

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