984  NIÑOS ASESINADOS EN ESCOCIA...¡¡PORQUÉ...??

A todos nos horrorizó la noticia más irracional de las últimas semanas: un hombre asesina a 16 niños y dos adultos, en una escuela en Escocia. Los detalles no aclaran nada. Las condolencias hablan de ‘dolor y horror’ (la Reina), conmoción y pesar ante este acto de locura...’ (Major). Se hablaba en ese despacho de prensa sobre la necesidad del incremento de seguridad en las escuelas...del problema de tener que convertir las escuelas en fortalezas (ya había sucedido algo similar recientemente) o mantenerlas abiertas para mantener sus vínculos con la comunidad...

 

La violencia, la inseguridad, lo irracional, no es problema exclusivo de Gran Bretaña. Podemos decir que es generalizado en las sociedades llamadas ‘desarrolladas’. Hay quien habla de influencias nefastas por parte de los medios de comunicación... Sin ir más lejos, The Wall Street Jornal comentaba la noticia de que las redes de TV estadounidenses consideran crear un sistema de clasificación para sus programas. La mira es lograr que los anunciantes sepan la calidad ética de los programas que están patrocinando.  El problema que tienen es evidentemente la necesidad de mejorar la calidad moral de los programas, por su clara incidencia en los niños. El problema en definitiva es ...que los niños crecen, y si se formaron con programas sucios o violentos, hay más probabilidades que sean así de mayores.

 

Estamos ante un tema que no podemos esconder, no podemos hacer como las avestruces que esconden la cabeza en la arena. El mismo Presidente Arzú aborda este tema en la concentración contra la violencia: señala la prensa que ‘la emprendió contra los programas de TV con violencia descontrolada que son pasados en horarios de franjas infantiles...’

 

Pero el tema es más amplio. Recientemente apareció un interesante libro de Francisco Alonso, Catedrático de Psiquiatría de la Universidad Complutense de Madrid, donde se refiere a ‘Las otras drogas’ -así es su título- que aquejan a la moderna sociedad.  Son lo que llama ‘enfermedades invisibles’, que inciden  profundamente en el individuo -lo enferman- y sólo puede ser resuelto su problema si intentan reorganizar su vida y reconstruir su personalidad.

 

El Profesor Alonso señala cinco de estas ‘otras drogas’ o ‘enfermedades invisibles’. Entre ellas está en efecto la televisión (según estudios, los ‘teleadictos’ son sobre todo niños en edad escolar, amas de casa y personas de la tercera edad). Señala también lo que llama ‘sexoadictos’, personas con personalidad neurótica e impulsiva. Los obsesionados por el trabajo, en su mayoría hombres, son los que viven sólo para su ocupación y se sienten irritables cuando están alejados de ella. Los ‘búlicos’, son individuos irritables e impulsivos que viven sus accesos de hambre como incontrolables. Finalmente, el ‘ludiópata’ (adicto al juego), que puede adquirir una andadura trágica: su falta de autocontrol le provoca conflictos familiares, crisis profesionales y una salud precaria. Estamos, como puede verse, ante un problema de falta de valores éticos.

 

 

Es importante darnos cuenta de que no se trata de ‘un problema religioso’ en un sentido reductivo: es algo que afecta globalmente a toda la sociedad. Si ésta no se construye con valores éticos claros, decae. Es lo que vemos, por contraste, en algunas de las sociedades llamadas ‘desarrolladas’, que incluso algunos han venido en llamarlas ‘postcristianas’. En ellas, al destruirse los parámetros que regían la convivencia, la sociedad entera se destroza. Cuando en una sociedad sus profundos valores éticos  fallan, se tiende a lo más a tener un vago sentimiento, en que las certezas fundamentales se han sustituido con el ‘para mí’, o lo que ‘a mi me dice’, ‘ lo que yo siento’. Paradójicamente, esta postura conduce, no a un respeto a la libertad de la persona humana, sino a la convicción de que todo vale, todo es posible, porque nada es verdad...

 

Probablemente el caso de Escocia al que nos referimos al principio no sea más que consecuencia del descontrol de un loco. Quizá sea éste el veredicto tranquilizante de la real sociedad británica.

Pero no podemos olvidar -de modo semejante a como sucedió en  otros países ‘desarrollados’- que, por los años 80', allí se desarrolló un programa tremendo de ‘educación sexual’ a nivel gubernamental en el que se favorecía el aborto en las escuelas -a espaldas de los padres-, el reparto masivo de preservativos...etc., etc. Hubo también una liberalización del divorcio -ahora están intentando dar marcha atrás- y con él, consiguiente, un deshacerse de la familia y de la misma sociedad. No puede decirse que estas políticas sean

 

las responsables exclusivas de la situación actual: pero es una miopía suicida no preguntarse cuanto están influyendo.

 

Debemos ser optimistas, pero no insensatos. Ver todas estas situaciones que comentamos nos deben llevar, en mi opinión, a dos puntos.

 

* No podemos    quedarnos en ‘denuncias’. Todo esto tenemos que arreglarlo cada uno de nosotros. No caigamos en lo que un amigo calificaba del ’otrismo’: todo hay que arreglarlo, pero ‘que sea otro’. La sociedad la arreglamos cada uno, llegando a nuestro alrededor.

* Los valores cristianos que manejamos en nuestra sociedad no son simplemente religiosos, en el sentido de exclusivos de una religión. Son de todos, de alguna manera, y a todos aplicables. No podemos olvidar que el Papa -hombre del año por muchos motivos, huésped de honor de Naciones Unidas, etc.- no nos habla sólo de exclusivos ‘asuntos religiosos’: nos habla también de una moral natural que a todos sirve. Por eso suenan siempre nuevas sus ya tan conocidas palabras ante la Asamblea de Naciones Unidas: “Tenemos en nosotros la capacidad de sabiduría y de virtud. Con estos dones, y con la ayuda de la gracia de Dios, podemos construir en el siglo que está por llegar y para el próximo nilón una civilización digna de la persona humana, una verdadera cultura de libertad.¿Podemos y debemos hacerlo! Y, hacíendolo, podremos darnos cuenta de que las lágrimas de este siglo han preparado el terreno para una nueva primavera del espíritu humano.”

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