EL SIDA: EXPERIENCIAS DE OTROS PAISES
En la sociedad actual, la revolución sexual, ampliamente difundida, implicó a estratos inesperados: muchos jóvenes han llegado a ser sexualmente activos cada vez más jóvenes, con una secuela de promiscuidad, enfermedades de transmisión sexual, embarazos indeseados y aumento exponencial de niños nacidos fuera del matrimonio. A esto tenemos que agregar el riesgo del SIDA, muy prevalente en este grupo. En este contexto, los preservativos han sido escogidos por muchos como medio para "un sexo seguro", para proteger a nuestros jóvenes de esta epidemia. Pero hay fallos en este enfoque que plantean con cierta honradez, cuando confiesan que no pretende ser "la solución 100%, sólo lo mejor que podemos ofrecerles". Pero, si escuchamos a los científicos, no solamente no es ninguna solución, sino que puede significar multiplicar el problema. Esto es lo dramático de este enfoque. El Dr. Noble, un especialista en enfermedades infecciosas, hace ya varios años lo exponía así en Newsweek (The Myth of "Safe sex"): "entregar preservativos a los adolescentes es como entregarles pistolas de agua ante una alarma general de incendio".
La decisión de promover el preservativo no se tomó por razones científicas, sino que es una decisión de "principio". Desde hacía tiempo se sabía que fallaba como contraceptivo en el 15% de los casos. No se puede hacer creer que el virus del VIH, 450 veces más pequeño que los espermatozoides, puede ser frenado como por arte de magia. Como han señalado algunos investigadores del College Medical School de Londres –y éste es el punto más grave-, la publicidad del preservativo en la lucha contra el SIDA podría tener un efecto contrario al buscado, en la medida en que conduce a actitudes sexuales de mayor riesgo a causa de la sensación de seguridad que induce en la población. La experiencia de muchos países lo confirma.
Por otra parte, como planteamiento de fondo es radicalmente erróneo. Es como si para el problema de la violencia en las escuelas en Estados Unidos se decidiera que todos deban asistir a la escuela con un chaleco antibalas, o que deben enseñarseles el uso de armas de fuego para evitar muertes por balas perdidas. El problema es otro.
El caso de Africa es ilustrativo. La Conferencia Internacional de Lusaka (Zambia, septiembre 1999) ha puesto en evidencia cómo se ha agravado la situación en los últimos años. El 70% de las personas seropositivas del mundo, es decir, 23,3 millones, vive en África subsahariana, región que tan solo cuenta con el 10% de la población mundial. La mayor parte de estos enfermos morirá en los próximos diez años. Desde que comenzó la epidemia, en África han muerto ya 11,5 millones de personas, el 83% de los muertos por SIDA en el mundo. En 1998 murieron 2,2 millones por SIDA, frente a 0,2 millones a causa de las distintas guerras.
En África, señaala Peter Piot, director de Onusida, en una entrevista para Le Monde (14-IX-99), el riesgo está extendido a la población general. Ahora bien, aclara Piot, la extensión del SIDA, en el continente africano, está particularmente ligada a los comportamientos humanos. Señala, entre otras causas, factores socio-económicos, como es un fuerte trasvase de trabajadores a las ciudades, sin sus familias."Ante la complejidad de factores –concluye Piot—, está claro que la respuesta no puede reducirse a la mera promoción del preservativo". Se precisan medidas de fondo y de mayor alcance, entre las que indica facilitar que las familias acompañen a los trabajadores que emigran. Ya en 1992 la OMS declaraba que el riesgo se evitaba totalmente sólo por la abstinencia o la fidelidad a la propia pareja (EB 89. R 19).
La solución real a este problema hay que buscarla en una recta antropología. Es decir, sobre un correcto concepto de lo que es la persona humana y, consiguientemente, sobre el concepto de "valores familiares". Lo que aquí está en juego es una visión del hombre y de la mujer, de su dignidad, del sentido específico del sexo. Así, sólo así, se consigue superar formas invasoras de promiscuidad interés de la entera sociedad como tal, así obtendrá el hombre una victoria humana, también sobre este terrible fenómeno.