EL SIDA QUE NOS VIENE...
Hace pocas semanas se celebró el día mundial del Sida. Tema de todos conocido, por todos lamentado. Y por muchos mal entendido
-incomprendido: ¿porqué surge esto ahora?- y temido: la gran epidemia de final del milenio.
Ante el Sida, hay quienes adoptan una línea puritana: esto es un castigo de Dios...cada uno tiene lo que se merece...Y la línea que algunos llaman populista: prefieren ignorar el tema, eso sólo les da a algunos, no es problema para la mayoría.
Destacaba la prensa que actualmente hay 14 millones de personas que portan este virus y, que de seguir así las tendencia, serán 40 millones para el año 2,000. principalmente localizados en Africa y en Asia.
El tema que surge inmediatamente es: ¿qué hacer?
Antes de abordar esta pregunta, quizá valga la pena un comentario breve que hace Ignacio Aréchaga en Ace Prensa. Se refiere a la reciente campaña divulgativa en España, bajo el lema: "Todos somos iguales ante el Sida". Indica que al primero que hay convencer de este lema es la mismo virus, que es muy discriminativo. Según los datos, el 65% de las vías de transmisión se debe a consumo de drogas inyectables. El 11% a prácticas homosexuales y el 12% a relaciones sexuales de alto riesgo. Es verdad, concluye, que la prevención del Sida importa todos, pero también lo es que, a diferencia de la gripe, si se evitan conductas el riesgo, la enfermedad desaparece. Para el virus, no todos somos iguales.
Lo malo no es no tener respuestas, sino darlas falsas. Muchos asocian estas campañas al uso de preservativos. Parece que estas campañas han sido más productivas desde el punto de vista comercial que sanitario: se venden más preservativos, pero el número de casos nuevos de Sida siguen aumentando cada año.
De todas formas, hay algo positivo siempre en estos esfuerzos. Hacen conciencia de algo que antes sólo se murmuraba en voz baja...: dentro del adoctrinamiento sobre el "sexo seguro", se reconoce también que la abstinencia o las relaciones sólo con una pareja estable no infectada -léase, el propio cónyuge- son otras vías de prevención del Sida.
Volviendo al tema de qué hacer.
Lo más elemental, es tener conciencia de que hay un problema y que hay que afrontarlo. Dejarse de consideraciones teóricas de porque vino: está aquí y basta. Por supuesto, si alguien lo padece, nadie tiene algún derecho a juzgarle y menos a condenarle o discriminarle. Hay que ayudarle. Nadie -nadie autorizado, se entiende- ha dicho que esto sea un castigo divino. Es un mal, que hay que afrontar, como cualquiera.
Por otra parte, no se pueden dar respuestas superficiales ni falsas: si no sabe uno como solucionarlo, se estudia y mientras se calla. Lo malo de las malas soluciones, en concreto recomendar el uso de preservativos, es que engañan. Y al no enfrentar adecuadamente el problema, éste aumenta. Además, tiene un efecto disolvente de la misma vida social. Citando una publicación nada 'confesional' como Time (Lance Morrow, 2-X-95), cuando se promueven estas campañas, se está adoptando "una idea despiadadamente degradada de la naturaleza humana. Los jóvenes suelen cumplir las expectativas que se tienen sobre ellos. El reparto de preservativos patrocinado por el gobierno proclama que la sociedad espera oficialmente que se comporten como perros".
La solución pienso que la podemos encontrar entre todos, si vamos por la vía correcta. Y ésta vía implica, a mi entender dos cosas:
Primero: hay que perder el miedo a hablar de valores éticos. Cuando una persona se comporta en su vida sexual conforme a los valores ético-cristianos propios de nuestra sociedad, ello supone seguridad y, por tanto, la libertad que da el dominio de sí; capacidad de ver claro, de distinguir con facilidad, entre otras cosas, a uno mismo y al prójimo. Se aprende a conjugar el 'tú', no sólo el 'yo'; eso tan simple, que es la base de la convivencia. Aparte de ser la mejor lucha contra el Sida.
Segundo: hay que fortalecer la familia. Refiriéndose a los males que aquejan a los Estados Unidos, Tom Clancy, famoso por tantos best seller llevados a películas, decía en una reciente entrevista que el origen de esos males era "la ruptura de la familia en los Estados Unidos. Los niños que crecen sin padre que los quiera, los elogie, los enseñe y les muestre como comportase. Nuestra política social ha sido catastrófica para la familia y debemos cambiarla". Aun desde un punto de vista sólo sociológico, cuando se elimina el valor de la familia -teórica o prácticamente-, se comete un suicidio para la misma sociedad. Lo que estamos viendo son signos claros de ello.