MUJER, HIJOS y OTROS TEMAS

Tradicionalmente uno de los principales mensajes de la ONU es que el mundo, para salvarse, debe disminuir el crecimiento poblaciona1. Sus reportes concluyen que el crecimiento poblacional ha llevado a la pobreza y a la falta de alimentos. Conclusión falsa, como han demostrado ampliamente estudios serios: el aumento de la población no lleva a la pobreza. A la pobreza llevan otras cosas, como la falta de educación, las guerras, las economías torpemente dirigidas. Pero cuando se pasa del macroproblema -mundial o de un país- al caso de una familia concreta, esto es pésimo. Es cuando presentan el tener hijos como causa de pobreza e infelicidad para las mujeres.

Pero oigamos a alguien con autoridad en el tema, la Doctora Mary Ann Glendon, profesora de derecho en la Universidad de Harvard. Comenta: «El problema con estos informes es que la ONU proporciona los números, sin afrontar las razones profundas de las que depende la discriminación de la mujer». Y continúa: «En general, los estudios de la ONU que hablan de la explotación de la mujer no consideran dos factores fundamentales. El primero es el desorden de la familia, del que dependen muchos problemas enumerados en el informe. El segundo es la discriminación que sufren las mujeres que tienen niños, de la que nace otra serie de problemas. La ONU parece incapaz de afrontar estos temas porque quizá no responden a los intereses de quienes influencian el trabajo de la organización».

Los catastrofistas parecen no querer ir al fondo. No se preguntan el porqué. Y la respuesta a porqué las mujeres de hoy están más expuestas a las violencias y a la explotación sexual es por que las protecciones ofrecidas en otro tiempo en la familia han desaparecido. y esto no ha ayudado ciertamente a la defensa de las mujeres.

Para quienes presentan la discriminación a la mujer asociada a la pobreza y ésta con la maternidad, hay que insistir en que la ONU se preocupa de difundir lo más posible las practicas anticonceptivas -que haya menos niños, causantes de problemas-, ignorando la necesidad de apoyar a la familia y a las mujeres con niños. Este ese el tema de fondo.

Tener más o menos hijos, eso es cuestión de cada uno. Desde luego, no del gobierno, como pretende nuestra mentada ley de desarrollo social, que al ser dogmáticamente antinatalista, destruye el concepto de familia. Por esto son antisociales –nos hacen daño a todos- las teorías que hacen de la limitación de nacimientos un ideal o un deber universal. Hay que buscar solución a los grandes problemas que aquejan a la humanidad o a una familia, pero en su verdadera causa, que no son los niños.

Ciertamente hay problemas y no hay que evadirlos. Por el contrario, hay que procurar con eficacia que todos tengan acceso a la educación, a los medio materiales convenientes, que haya trabajo para todos, que nadie se encuentre injustamente limitado en su vida familiar o social. Y un punto más de la autonomía personal es que cada uno pueda tener los hijos que considere convenientes, sin presiones

Hay que tener la valentía de reconocer que, en el fondo, la verdadera causa de la pobreza es no haber educado –preparado- a las personas en actitudes y valores. Afrontar esto es el camino más difícil, pero el único eficaz y lo que hace realmente feliz a la gente.

Esto es un tema complejo, difícil de agotar en un espacio tan reducido como éste. Pero considero que es muy positivo señalar el error en que caen los promoto res de la ley de desarrollo social: el hecho de evitar que nazcan más personas no es la solución. Además, al ocultarlos, hará imposible que solucionemos nuestros verdaderos problemas.

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