SEXUALIDAD A LAS AULAS
Una ley de Población (de desarrollo social) como la recientemente aprobada, subordinada a los propósitos de quienes procuran cortar las fuentes de la vida, es un error funesto. Limitar el crecimiento biológico en países como el nuestro -grandemente despoblado-, que luchan por su desarrollo y donde es necesario que crezcan y sean educados muchos niños dignamente, realmente no tiene nombre. Ya sólo por eso la ley de población recién aprobada, sin duda inspirado por los procónsules extranjeros que intervienen en el país con el pretexto del proceso de paz, merece ser vetada.
Pero hay más, mucho más.
Me refiero al tema de la educación sexual en las escuelas, que no ha sido suficientemente puesto de relieve. Veamos qué ha sucedido en otros lugares. Algo así como en la carretera sirven los letreros que avisan: zona de derrumbes. Veamos que pasó en algunos países autonominados desarrollados, que ya se fueron al barranco...
En España, líder en campañas de educación sexual fallidas -a costa de los jóvenes-, ha estudiado el tema un equipo de investigadores del Instituto Valenciano de Fertilidad (IVAF), que ya tienen experiencia en desarrollo proyectos educativos en América Latina y el Caribe. Dice que esas campañas, sin base científica alguna, fomentan lo que en teoría pretenden evitar: la incitación sexual temprana, la promiscuidad, y las enfermedades de transmisión sexual. Por el contrario, un buen sistema debe estar del lado de la continencia, del saber esperar, de la formación del carácter, del conocimiento de la propia fertilidad; quienes diseñan las campañas públicas de educación sexual están en otro lado.
En un informe publicado en el British Medical Journal (321;1520,2000) el Dr. Trevor Stammers plantea el fracaso de la educación sexual en Inglaterra basada, como se pretende aquí, en la difusión de la contraconcepción. Los índices de embarazos y las enfermedades de transmisión sexual han aumentado en los últimos años, precisamente cuando se ha facilitado en gran manera la contracepción en los jóvenes.
En USA, ocurre algo similar. Un despacho desde Washington DC, (ACI, 04/06/01), transmite un reciente reporte de la Campaña Nacional para Prevenir Embarazos en Adolescentes. Señala que el programa de educación sexual "no reduce en nada los riesgos sexuales para los jóvenes". Por su parte, Leslee Unruh, presidente de la Asociación, afirma que "deberíamos ofrecer a todos los jóvenes las mejores opciones educativas. Con la actual epidemia de enfermedades sexuales, los trastornos emocionales y la indiferencia de los adultos en relación al sexo, es obvio que los preservativos y las píldoras no están respondiendo a las necesidades profundas de las jóvenes". Asimismo agregan que los jóvenes que participan del programa muestran más posibilidades de ser padres que los que no. Según explicaron, "el problema no es tanto el embarazo precoz como los embarazos en adolescentes fuera del matrimonio".
¿Cual es el fondo de todo esto? Volvemos a lo mismo.
Para la solución, hay que ir por la vía correcta. Que lleva, ante todo, a perder el miedo de hablar de valores éticos. Cuando una persona procura comportarse en su vida sexual conforme a los valores ético-cristianos, que son los universales de la naturaleza humana, ello supone seguridad, actuar con la libertad que da el dominio de sí. Aparte de que así se fortalece la familia, verdadera base del bienestar y desarrollo de la sociedad. Cuando se eliminan estos valores, que es lo que se hace con estos programas de educación sexual, se comete un suicidio para la entera sociedad. Esto hace la mencionada ley (art. 26, "Planificación familiar", y art, 27, temática educativa en Población).
No nos dejemos, con o sin ley. Y mejor si la vetan...