HAMBRE Y MAS COSAS

Siglo 21, 15 septiembre 01

La tragedia de Camotán y Jocotán, por la buena cobertura de este diario y, en general, de los medios, ha sido palpada y seguida muy de cerca por todos. La respuesta, a los datos que dispone el ciudadano medio, ha sido positiva. Aunque, también a la vista de todos, el tema ha sido también demasiado parcializado. Ha habido muchas voces, algunos llevando agua a su molino. Algunas sorprendentes, como un personaje de Minugua que decía que no había hambre, sino falta de alimentos adecuados. En fin, un comentarista de este diario, me parece que el Lic. Eduardo Mayora lo resumía diciendo que el tema se había politizado, en el sentido de que ya no importaba tanto qué sucedía y cómo solucionarlo, sino a quien acusar. Un deporte peligroso para el país.

En el fondo, todo esto trae a colación el verdadero centro del problema. Como me decía un chino, vecino mío, ya Lao Tze hace 27 siglos, hacía notar que si se daba un pez a un hambriento, se le quitaba el hambre del momento, pero que si se le enseñaba a pescar se solucionaba su problema para toda su vida.

Ahora todos intentan ayudar (hasta el gobierno...). Es lo que hay que hacer, sin duda. Pero también es evidente que el problema de fondo es poner las bases para un desarrollo sostenible, y no sólo de esa región. Y ello pasa necesariamente y continúa con una buena política educativa. Es decir, que haga el gobierno y deje hacer. Y no hablo sólo de alfabetizar. Lo que hace falta en este país, en palabras de otro vecino, dueño de una maquila, es educación para el trabajo, concretamente educación técnica laboral. Ahí nos jugamos el futuro de este país.

Lo que retrasa definitivamente el desarrollo es echar la culpas donde no están. Es como meter gol... en la propia portería. Evidentemente ese gol no ayuda para nada. Me refiero ahora a la torpe distorsión de la realidad que significa echar las culpas del problema a que somos muchos. Pensar que se debe a exceso de población es retrasar la solución. Es peor: pero veamos un par de ideas.

El Profesor Nicholas Eberstadt, del Centro para Estudios sobre Población de la Universidad de Harvard, también consultor para el Banco Mundial, en su documentado estudio "Población, alimentación e ingresos: tendencias globales en el siglo XX" señala que la producción y el ingreso per cápita en el mundo se han multiplicado varias veces en el transcurso de este siglo. Y el motor de este crecimiento económico moderno ha sido el aumento de eficacia en que se utilizan los recursos. Es decir, lo determinante ha sido el papel de la capacidad humana, que se ha incrementado constantemente, no tanto el papel de los recursos naturales y físicos que realmente han disminuido. Lo mismo que ya repitió y demostró hasta la saciedad un ilustre economista, Julian Simon de la Universidad de Maryland (Estados Unidos) : Desde el punto de vista económico, las inteligencias importan tanto o más que las manos o las bocas. En general, los hombres crean más recursos que los que gastan. La población es el principal recurso para acelerar el progreso.

Con respecto a la llamada salud reproductiva, reproduzco unas declaraciones aparecidas en El Mercurio de Chile, 26-08-01, país donde sí saben de ese problema. "Eso - introducir temas de educación sexual en los establecimientos educacionales- no es educación de la sexualidad, sino que es enseñarles a los jóvenes cómo tener relaciones sexuales sin que haya consecuencias de un embarazo. Eso no es educación sexual sino una información carente de valores. Entre los valores está el respeto a la persona, el pudor, la pureza de las costumbres, el uso de la sexualidad en el marco para el cual Dios la creó". Y cuando se destruyen los valores, la sociedad como tal se empobrece. Y no hablamos sólo de moralidad en sentido restringido, sino de verdadero desarrollo humano de la sociedad.

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