REINA POR UN DIA
No, el titular no se refiere a Prudence. Aunque pensándolo bien, vendrían bien unas consideraciones sobre nuestra Embajadora. Está de más decir que a todos nos cayó muy mal su halada de orejas al Congreso. Sobre qué, no viene ahora al caso. Es el hecho.
Es inadmisible que venga al organismo legislativo de un país soberano, a dar indicaciones. Desde los tiempos de Teddy Roosevelt, con su Gran Garrote (el tristemente famoso Big Stik) de represalias económicas, no se veía algo parecido. Digo no se veía, al menos. Si actuó no a título personal, como aclararon, sino por instrucciones del Departamento de Estado, eso pone el problema más en el candelero.
No entro aquí a detalles ya puestos ampliamente sobre el fondo del problema. El punto a dejar claro es que estamos ante un peligro muy serio, se apruebe como se apruebe el Código de Trabajo. El tema es que la injerencia extranjera se torna descarada. Y esto, en el caso de los Estados Unidos de Norteamérica es particularmente peligroso, porque quedamos al vaivén de la política de ese país. Y si la intervención es, no ya poco diplomática, sino descarada, estamos en serios peligros. Quizá por esto nuestro barbudo cubano tiene bastantes partidarios: hasta un ultraderechas me decía: sólo por eso me cae bien, no se dejó manejar por los gringos.
De los Estados Unidos han venido y vienen muchas cosas buenas para Latinoamérica. Y espero vengan muchas más. Hay que agradecer, pero no fiarse porque, como acabamos de ver, estamos a la política del Norte. Es emblemática la situación ocasionada por el reciente cambio que se ha realizado en la Cámara de Representantes de aquel país. Analicémoslo, aunque sea brevemente, porque nos afecta mucho.
El senador norteamericano Jim Jeffords por el Partido Republicano acaba de afirmar que abandona su grupo parlamentario, que no su escaño, para operar como independiente. En un país en el que se mira más la elección de personas que de partidos, podría no ser de mayor importancia. Pero en este caso si. Con su escapada, los demócratas, por un solo voto, pueden ponérselo muy difícil al Presidente Bush. Ya no habrá empate a 50, sino un glorioso 51/49 para los demócratas. Jim se ha convertido en la estrella: Reina por un día, quizá por toda una legislatura. Naturalmente, a Jim no se le ha ocurrido dimitir de su cargo, aunque probablemente no hubiera sido elegido senador sin el apoyo del aparato del Partido.
El problema es que afirma que lo suyo no son ansias de protagonismo, sino desacuerdo con los principios de George Bush. Estamos ante una cuestión de principios, cosa sagrada, esperemos. No sea como aquella frase cínica atribuida a Groucho Marx (uno de los antiguos tres chiflados): "estos son mis principios, pero si no gustan, tengo otros..."
żY contra que principios está? Con lo que no está de acuerdo es con cuestiones como la defensa de la vida de Bush y contra su carácter poco ecologista. Simplemente, porque ha decidido que el dinero de los impuestos de los ciudadanos no debe emplearse en un fomento descarado y medio coercitivo del aborto en el Tercer Mundo y de las esterilizaciones masivas. Eso es lo único que ha hecho: cerrar el canal financiero público para la multinacional de la muerte. Eso, al parecer, es muy grave para Jim.
En definitiva, ninguna doctrina económica ni política Lo que marca la diferencia es la cultura de la vida frente a la cultura de la muerte.
Estemos alertas. Ya en recientes reportajes, que algunos suponen que pagados con dinero foráneo, se habla descaradamente (El Periódico, 24 de mayo, pg. 2) que se aprovechan las visitas de las mujeres a los servicios de salud del Estado, cuando van por problemas gástricos o vacunas de sus hijos, para "contarles de la planificación", y también "mantienen un catálogo de los métodos anticonceptivos que el centro provee de forma gratuita".
Es la nueva guerra fría del planeta. Y, como en la anterior guerra fría, nosotros estamos en medio. Sólo que ahora los muertos que se ponen son muy seleccionados: niños...