SALUD REPRODUCTIVA. HISTORIA Y REALIDAD

Recientemente el gobierno lanzó un plan de salud reproductiva. Controvertido. Veamos de donde salió, porque como señala un dicho popular "hay que oír las dos campanas... y saber quien es el campanero". Y aquí el campanero es nada menos que la ONU.

Es tema viejo, pero a mediados del 99 tomó nuevo impulso. En su asamblea dedicada a revisar la aplicación de la Conferencia de El Cairo, la ONU volvió a insistir en el control de la población, aunque con otro nombre: lo que aprobaron fue un programa sobre "salud reproductiva", que incluía la planificación de la familia, la promoción de la mujer, la igualdad sexual y el desarrollo sostenible. Para lograr todo eso se destinaron cuantiosos recursos. Su objetivo: alcanzar en el año 2000 un gasto de 17.000 millones de dólares anuales en el Tercer Mundo... Y el método preferido de control de población, como entonces comentaba The Economist (19-VI-99), era el llamado "marketing social". Consiste en vender preservativos a bajo precio, subvencionados por organismos extranjeros, gubernamentales o no, que los difunden dentro de sus campañas de ayuda humanitaria. Algunos comentaban, ya desde entonces, que los fabricantes que proporcionan la mercancía, como London International Group (LIG) –uno de los más grandes–, lógicamente se quedaban con los beneficios económicos, aunque los beneficios de la salud reproductiva se quedaran en los países pobres.

El programa pretende ser una aplicación del Plan de Acción de la Conferencia de El Cairo. Consta de un preámbulo y cinco capítulos. Los primeros artículos –por lo que he leído en la prensa, el plan de Guatemala también- al principio están cargados de objetivos loables: mejorar la calidad de vida y el bienestar de los seres humanos; erradicar la pobreza; promover la educación, sobre todo de las niñas; permitir el acceso universal a los servicios de salud reproductiva y planificación familiar; invertir en sanidad y educación. Pero, una vez hecha esa declaración de objetivos, el documento se centra más en los derechos reproductivos. El New York Times, en un alarde de sinceridad y huyendo del lenguaje políticamente correcto, tituló su artículo de aquél sábado 3 de julio: "La conferencia (de la ONU) adopta un plan para limitar la población".

La problema es qué medios pone cada gobierno para lograr esa meta. En el caso de Guatemala es claro: promoción de métodos artificiales de control natal y específicamente campaña de difusión del preservativo en centros de salud, escuelas, de la ciudad y la población indígena. El tema es muy amplio, pero centrémonos -por ahora- en este punto: por qué razón estas campañas masivas hacen un gran daño a la entera sociedad. Veamos por ejemplo, el uso de preservativos, un punto consistente en esta campaña.

Ocurre algo similar al caso de las campañas de protección del sida. Cuando dicen que el uso del preservativo reduce el riesgo de contaminarse, hablan medias verdades. El preservativo, como consejo masivo, no sirve: 1) porque falla. La verdad completa, según los expertos, es que protege sólo en un 80%. Es decir, falla una de cada cinco veces. Existe un 20% de peligro de sida u otras enfermedades de transmisión sexual; 2) además, por el simple hecho de la publicidad, favorece masivamente una mayor promiscuidad y permisivismo sexual. Esto es grave: aunque protegiera en un 80% el contagio, aumentará el número de los usuarios y la frecuencia con éstos los usan, por el simple hecho de estar avalados su uso por la campaña de salud. Habrá un incremento masivo de contagio; 3) Como lógica consecuencia, habrá un deterioro masivo de los valores morales de toda la sociedad. Y esto si es terrible, con incidencia dramática –en nuestro caso- en el área rural. Basta preguntarle a los españoles, a los ingleses... y un largo etcétera de países que lo confirman.

No ha habido un solo país donde por este tipo de programas se haya alcanzado una verdadera promoción de la mujer; todo lo contrario. Hay otros caminos: hay que buscarlos.

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