LA HISTORIA, LOS ERRORES PROPIOS Y LOS AJENOS
Hay diversos dichos sobre la historia, de diversa fortuna e ingenio. El más popular quizá es el que dice que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra. Otro, más profundo, afirma que la historia es maestra de la vida. A mí me parece muy cierto y practico el del filósofo Jorge Santillana: "aquellos que rechazan el recordar los errores de la historia se verán obligados a repetirla...".
Viene todo esto a cuento porque cada vez se perfilan, aparentemente, más problemas en el país. Uno de los más recientes -y manipulados- es lo que algunos llaman el problema racial. Muchos nos vienen a predicar sobre ello desde lejanas tierras, y es bueno recordar la historia; especialmente la historia de quienes nos vienen a predicar. Aquí viene bien recordar aquel dicho popular: "hay que oír las dos campanas", a lo que alguien muy sabio apostillaba: "y saber quien es el campanero".
Muchas de las advertencias sobre el pretendido racismo nos vienen de los Estados Unidos. Son quizá los más cercanos y hay que reconocer que tienen una gran experiencia en el tema. Una etnia
-los piel rojas- prácticamente exterminada y problemas muy serios, ganados a pulso, con lo que ahora llaman con cierto pudor puritano los afroamericanos (como si ser negro fuera algo malo). No hay duda que tienen pasado -y presente- al que hacer referencia.
Por cierto que en el siglo pasado tuvieron -tuvimos- unas terribles incursiones filibusteras en los países centroamericanos cargadas de racismo: baste recordar a William Walker y su aventura en Nicaragua cargada de un racismo antidemocrático (el famoso destino manifiesto de nuestros pueblos: servir a los blancos anglosajones...). Y no hablemos de sus experiencias con mujeres puertorriqueñas como conejillos de indias, para implantar la famosa píldora anticonceptiva.
Sabemos que el pueblo norteamericano -admirables por muchas otras razones- se ha esforzado en superar esos problemas y no es justo cargar las tintas: pero sí aclarar que jamás hemos tenidos semejantes problemas de racismo.
Los otros campaneros son europeos. Estos han sido y son maestros en racismo. Cuando hablan gentes de estos países adoptan a veces una apariencia de escándalo farisaico.
Pero los europeos no sólo tuvieron problemas raciales: los tienen. Ellos sí saben de estos problemas. Lo malo es que proyectan sus dificultades en nosotros, agrandando y distorsionando. Cuando aquí se creen que tenemos racismo, es que no saben de qué están hablando.
La historia es maestra. Sin entrar en muchas disquisiciones basta recordar la guerra en Bosnia y Croacia (la exyugoslavia), que por supuesto son europeos. Recientemente salió en la prensa un artículo titulado: "En Europa del este hay muchas Yugoslavias latentes". Cuenta el caso de la región polaca de Przemyls, que es la frontera entre etnias polaca y ucraniana. Allí, hubo matanzas, sin piedad para mujeres, niños, ancianos. Se reavivaron esos odios durante la invasión nazi, después durante la época comunista. Hace aún relativamente poco, por orden del gobierno comunista de Varsovia, en una operación llamada Vístula, los ucranianos fueron masivamente deportados de Polonia sur oriental y dispersos por todo el país.
Pero no sólo hay recelos de tipo racial en Europa oriental: hace muy poco en Alemania hubo violencia e incluso muertes por ataques de alemanes que se consideraban ‘puros’ (los cabezas rapadas) contra minorías extranjeras (aunque en realidad ellos e incluso sus padres han dejado la vida en el país). Similar sucedió en Italia. En Bélgica existen dos o más culturas que cuidan celosamente sus peculiaridades: y se hacen la vida imposible. Y hay un largo etcétera.
Se comprende que no es tema fácil éste que tratamos. Pero me parece que sí es interesante darnos cuenta que no estamos ante algo que simplemente se resuelva con leyes. Es el caso reciente de Canadá. Si Quebec, la provincia francófona que quería la independencia la consigue, ya hay un grupo de quebequenses de habla inglesa que afirman que pedirán la independencia del posible nuevo Quebec francés. Y nadie excluye que, a su vez, esta nueva SubQuebec inglesa albergue minorías que deseen igual independencia. Su lema es: "Si Canadá puede de dividirse, también puede dividirse Quebec".
Estamos ante situaciones de fondo, de actitud moral ante la vida. En esto los cristianos tenemos inmensa ventaja. Podemos encontrar problemas: pero sólo con aplicar los principios éticos rectamente, se soluciona todo. Y no sólo para los cristianos: de alguna manera, tenemos solución para todo lo que suceda en la vida personal y social. Sí queremos ser consecuentes.
Regresando a Guatemala y al tema que nos ocupa:
* Las dificultades raciales se agudizan en países de culturas no católicas. Caso de judíos y palestinos, o del aparthaid de Sudáfrica. Nosotros ciertamente tenemos cosas que arreglar, pero nunca ha habido ni hay racismo en sentido real. Tenemos que proteger culturas, integrar minorías relegadas económica y educacionalmente, etc., por supuesto. Pero racismo, no. Los campaneros de los que recordamos algo de historia, ellos sí que lo tienen, y pienso que, quizá inconscientemente, nos lo proyectan. Ellos si que tienen la cola machucada... ¡y mucho!.
*Estos problemas, en Guatemala y fuera, se resuelven fomentando -individualmente y con la proyección lógica en la vida social- valores éticos de la sociedad de siempre. En su reciente mensaje del Papa con motivo del 50° aniversario del fin de la II Guerra mundial, se pregunta cómo "se llegó a un grado tal de envilecimiento del hombre y de los pueblos". "El mundo y en particular Europa, se dirigieron hacia aquella gran catástrofe porque habían perdido la energía moral necesaria para hacer frente a todo lo que los empujaba a la guerra".
*Hay que fomentar los valores de la convivencia. El Papa reprueba el culto a la nación que en aquellos años previos a la Guerra mundial se convirtió "casi en una nueva idolatría". Pide estar atentos ante el resurgir de la "cultura del odio y de la muerte". Y concluye: Rechazad las ideologías obtusas y violentas; rechazad todas las formas de nacionalismo exaltado y de intolerancia: por esos caminos se introduce insensiblemente la tentación de la violencia y de la guerra". Y acaba con lo que podría ser una consigna para todos: !Ama a los otros pueblos como al tuyo¡