EL BIEN, EL MAL Y OTRAS COSAS QUE NOS INTERESAN A TODOS

Leía un comentario sobre la intención de voto de los norteamericanos, titulado: Cuestiones de integridad tiene sin cuidado a los norteamericanos. Estaba basado en encuestas que, como sucede a veces, estaban mal manejadas. Un 75% pensaba que lo más importante para ellos era el futuro Presidente comprendiera sus problemas diarios, y un 23% aseguraba que lo más importante era elegir a uno con la mayor integridad personal posible. Parece obvio considerar, a la hora de elegir un gobernante, el que entienda mis problemas: de qué me sirve que sea muy honrado, si no sabe qué debe hacer. Pero también vige lo contrario: de que me sirve que comprenda mis problemas, si es un sinvergüenza y no hará nada.

Lo que me parece tonto es oponer como excluyentes las dos valoraciones, como hacía el titular mencionado: que a los norteamericanos les tiene sin cuidado la integridad personal, la honradez. Eso no es verdad, además de no ser consecuencia razonable de los datos que presentan.

Digo que no es verdad, porque a toda la gente le importa y mucho la integridad, el que se practique el bien. Aunque uno no lo practique. Esto es otra cosa. Me venían estos pensamientos por comentarios que leí recientemente, sobre si alguien puede decir qué es el bien y que es el mal. Un tema que ha apasionado a toda la humanidad, cuando profundiza en ello. Un tema muy complejo, pero que, en la vida práctica de cada día es claro. Me lo confirmó una persona de poca formación cultural, que me contestó con gran sabiduría: el bien es hacer lo que es bueno; el mal es hacer lo que es malo. Y pienso que así es de sencillo.

Podemos apelar a las consecuencia sociales que tendría no poder distinguir el bien del mal: sería entonces igual cometer un asesinato, un robo, o no hacerlos. La sociedad, cualquier convivencia se vendría abajo. Y ésta es una razón convincente: considerar los absurdos a que se llegaría si se parte de la idea de que nadie puede saber qué es el bien y qué es el mal.

Se llegaría a lo mismo considerando que incluso los que afirman teóricamente la imposibilidad de distinguir el bien, en la práctica sí distinguen, pues atacan apasionadamente unas conductas sobre otras a las que califican de hipócritas, dobles. Se ve que sí creen en algo: distinguen el bien.

Y la razón de fondo, es que la idea del bien y del mal nos viene necesariamente. Es como un programa que viene con la computadora que, de alguna manera, somos cada uno. Si no, no podríamos funcionar. Y menos, en sociedad. Tenemos un programa común, que nos capacita para adquirir la noción del bien y del mal y nos permite funcionar y hacerlo en comunidad de valoraciones... en red. Darse cuenta de esto es muy importante para la vida de las personas y de las sociedades.

Es muy importante creer que sí se puede distinguir el bien del mal. Si queremos que un siglo de imposiciones -como ha sido el que estamos por dejar- deje paso a un siglo de persuasión, debemos encontrar el camino para discutir, con un lenguaje comprensible y común, acerca del futuro del hombre. Juan Pablo II, al hablar de la civilización del amor que debemos hacer entre todos (cristianos, no cristianos, no creyentes...) centra con un lenguaje sencillo la razón de nuestra esperanza: la ley moral universal, escrita en el corazón del hombre, una especie de "gramática" que sirve al mundo para afrontar esta discusión sobre su mismo futuro Por esto podemos, debemos confiar en hacer un futuro común. Si no, todo sería artificial.

 

Hosted by www.Geocities.ws

1