PARA QUE LA SOCIEDAD NO SE VUELVA LOCA
Bélgica y el mundo entero se horrorizaron al descubrirse los cuerpos de dos niñas, secuestradas, víctimas de abusos sexuales y dejadas morir de hambre por su asesino. Salen a luz fallos del sistema judicial y policial y existe una intensa campaña para que el gobierno siga una política coherente contra este tipo de delitos y adopte medidas, todas ellas probablemente muy necesarias.
El sociólogo belga Claude Javeau analiza el problema más a fondo. De acuerdo con las medidas legales, dice; pero ¿cómo podemos extrañarnos de tales tragedias cuando vivimos en medio de una permisividad sexual a ultranza? Concluye el comentario con una buena dosis de sentido común: mientras fomentemos o consintamos la presente saturación de estímulos sexuales, estamos interpretando el papel del bombero que es incendiario. Para que Julie y Melissa -las dos niñas asesinadas- no hayan muerto en vano, hemos de cambiar la moralidad pública además del Código Penal. Esquema de razonamiento que nos sirve a nosotros perfectamente para muchas cosas que nos suceden. O para prevenirlas.
También en agosto sucedió otra tragedia, que no mereció el horror de la opinión pública. Eso es lo que la hace más estremecedora. A comienzos del mes fueron destruidos 3,300 embriones humanos que se encontraban congelados en unas 30 clínicas británicas especializadas en fecundación in vitro. Se ha seguido al pie de la letra la ley británica de Fertilización Humana y Embriología, de 1991, que limita a cinco año el tiempo que puede mantenerse con vida a los embriones, mientras las parejas que aportaron los gametos deciden qué hacer con ellos. Se intentó ampliar el plazo de eliminar -palabra que oculta la verdad: dar muerte a criaturas, muy pequeñitas, pero vivas...-, darlos en
adopción, pero todas fracasaron. Dayly Telegraph decía "nos encontramos ante un callejón sin salida" y L'Osservatore Romano coincidía: "estamos ante un túnel sin salida, sea cual sea la solución que se adopte".
Pero si hay solución: es hacer el planteamiento correcto por parte de la sociedad. Si hay dilema moral (que consiste en que no se pueden mantener congelados indefinidamente esos embriones, pero tampoco matarlos), la única solución posible es recomendar no hacer lo que conduce a ese problema. Time señala que debería revisarse la ley que manda destruir los embriones, pues a mucha gente repugna "la destrucción programada de la vida humana, aun siendo embrionaria". Pero no se dan cuenta que la verdadera locura ha sido la previa creación, programada y semi-industrial, de una técnica para jugar con la misma vida. Y permitirse por parte de la sociedad.
Lo último que me impactó no es una noticia, sino un comentario superficial sobre una auténtica tragedia social. Un artículo de The Wall Street Journal titulado "¿Hasta que la muerte los separe? No, hasta el próximo divorcio". Cuenta que actualmente, en los Estados Unidos, en una de cada siete bodas, al menos uno de los contrayentes lo hacen por tercera vez. El doble que hace una generación. Y se permite una serie de comentarios tontos sobre el tema.
Y tratar este tema así es ya una locura: no el que haya divor
cios, sino que el tema se toque a la ligera. Todos coinciden en que gran parte de los problemas que aquejan a la sociedad actual se debe a la desintegración familiar. Y ésta es ocasionada, en buena parte, por el divorcio. Los hijos del divorcio son los protagonistas -involuntarios muchas veces- de muchos males que nos aquejan. Aclaro que nadie tiene derecho a juzgar a nadie, tampoco a los que se hayan divorciado, pero hacer una apología superficial del divorcio es, por lo menos, de una miopía criminal para con la sociedad.