LOS INGLESES, EL DIVORCIO Y LA MALA MEMORIA
Los ingleses son un pueblo peculiar. Tiene grandes amigos y grandes enemigos. Pero todos coinciden en que tienen cosas fuera de lo ordinario. No deja de ser curioso, por ejemplo, que hayan tenido un rey que, para poder divorciarse, rompió con el Papa y ‘se quedó’ con la iglesia (la Anglicana). Hablamos de Enrique VIII. La paradoja es que cuatro siglos después, un futuro rey, para lo mismo -para divorciarse- tenga que apelar al Parlamento, a la opinión pública...y termine pidiendo que mejor ya no sea él cabeza de la iglesia. Se trata ahora del Príncipe Carlos, heredero de la Corona Inglesa.
Pero tienen muy buenas cosas y muy buenas personas. Uno de éstos es Paul Johnson. Conocido pensador inglés, es de los escritores que influyen más en la intelectualidad británica y mundial. Recientemente (The Daily Telegraph, Londres, 14-II-96) cuenta como su mujer y él han hecho durar su matrimonio. Según él -y es hombre muy sabio, además de buen católico- el secreto de un matrimonio duradero es...la falta de memoria para los agravios. La tesis es muy interesante. Veamos algunos de sus planteamientos más relevantes.
El amor y el matrimonio -dice- son cosas muy diferentes. El amor es un sentimiento. El matrimonio es una profesión, la única para la que no existe preparación ni exige más aptitudes que la edad y estar soltero. Eso significa que requiere más esfuerzo que las demás profesiones.
Altercados, diferencias de opinión, discusiones, riñas, ataques de ira, enfados y silencios forman parte de la realidad diaria del matrimonio. Es normal que dos personas que viven juntas tengan a menudo puntos de vista diferentes; saber resolver esas diferencias, cediendo y con sencillez, es parte de la dinámica vital y del proceso de maduración de una persona. Divorciarse significa interrumpir ese proceso de crecimiento, arrancar de raíz la planta viva y arrojarla, sin necesidad, al fuego.
Cuenta como su esposa Marigold y él llevan casados casi cuatro décadas. Y dice: de hecho, si hubiéramos decidido dejar de trabajar en nuestro matrimonio, podríamos habernos divorciado más de una docena de veces. Pero hace mucho que se ha difuminado el recuerdo de los motivos, las circunstancias y los detalles de nuestras discusiones. Los matrimonios duraderos se edifican sobre los estratos arqueológicos de riñas olvidadas. Sobre toda pareja que se acerca a sus bodas de oro flota el saludable espíritu del olvido.
Y concluye: Como es lógico, las felicitaciones por San Valentín (escribía en ese día) hablan sobre todo de amor ardiente...pero los esposos viejos saben que los secretos de un matrimonio bien trabajado son paciencia y perseverancia, tolerancia y dominio de sí, estoicismo, tenacidad, resistencia, disposición a perdonar y, a falta de todo esto, mala memoria. También ayuda por supuesto -indica finalmente-, que el marido esté siempre dispuesto a cargar con la culpa; como debe ser.
Decíamos que Inglaterra es un país de ‘cosas curiosas’: junto a las sabias consideraciones anteriores encontramos que hay actualmente un proyecto en la Cámara de los Lores para introducir el divorcio a petición. O sea, no hará falta invocar causas "objetivas"; aunque "impondrán" un año de reflexión desde la solicitud. Y esto ya no sólo es curioso: es criminal, cuando todos están preocupados por la escalada de divorcios. Si sigue la tasa actual de divorcios en Gran Bretaña, más de la mitad de las parejas que se casen este año se habrán divorciado antes de celebrar sus bodas de plata y uno de cada cuatro matrimonios no cumplirá los diez años. Así lo predice un reciente informe de la Oficina de Censos y Estudios Demográficos. Es algo realmente trágico. Yendo a números globales, en 1994 sólo en Inglaterra y Gales hubo 158,000 divorcios, que implicaron a 165,000 menores de 16 años. Esto es tremendo por que, aparte del daño a la pareja que se divorcia, los niños son los grandes perdedores. A ellos, nadie les pregunta.
Nadie les pregunta, y tampoco nadie se pregunta, aparentemente, que relación puede tener este crecer sin familia con el proliferar de grupos ‘irracionales’ como son los "Holligans". No se trata de simples aficionados al futbol exaltados. Cara a la Eurocopa 96, que se llevará a cabo este verano en Inglaterra, el gobierno inglés ha hecho inversiones millonarias porque han llegado a la conclusión de que los holligans usan el futbol para encubrir sus actividades de crimen organizado mezcladas con políticas radicales. Las medidas que están adoptando cara a la Eurocopa incluye intercambio de información con otras policías europeas vía internet, uso de cámaras de video en las canchas y estricta vigilancia de los partidos, con policías cada 30 metros, quienes por más interesante que pueda estar el partido, dan la espalda a la cancha y no quitan la vista del público. Lo que no parecen saber es de donde les surgieron todos estos grupos tan irracionalmente violentos.
Gente curiosa los ingleses. Son gente organizada. La Ley británica de Embriología y Fertilización Humana, de 1991, estipula que los embriones humanos (es una manera de referirse a los seres humanos ya fecundados artificialmente: hombres y mujeres, aunque muy chiquitos...) sólo pueden permanecer almacenados un máximo de cinco años. Por eso, al cumlirse el plazo, unos 3,000 embriones serán destruidos el próximo mes de julio. Se trata de ‘un sobrante’ de los 52,000 que había en las clínicas y que no han sido reclamados por los donantes (los padres). Con tal problemática no es difícil ver porqué proliferan esos grupos de vacas locas humanas (los "holligans"). Que llegan a tál nivel de violencia reprimida que necesiten policías cada 30 metros para controlarlos.
Como punto final, el 28 de febrero pasado la princesa Diana anunciaba que pensaba divorciarse. "Ahora el país puede descansar tranquilo", decía el editorial de Times. El Dr. Carey, Arzobispo de Cantorbery, "espera y cree que esto beneficiará a todos los interesados"; el público británico y el establishment se sienten aliviados porque la situación va a resolverse "amigablemente", como auguraba la propia Reina. Los únicos que saldrán perdiendo, comenta Ben Kobus desde Londres, son el nivel moral, la institución familiar y los hijos.
¿Para qué sirve para nosotros, en Guatemala, considerar estas cosas? Porque aunque a primera vista no lo parezca, son sociedades muy desechas. Darse cuenta de ello, ver lo que les sucede y cual es el camino que siguieron para llegar a donde están, puede servirnos para un sano escarmentar en cabeza ajena.
Y augurar, por supuesto, que muchas gentes como Paul Johnson los saquen del atolladero en que se encuentran. Es nuestro sincero deseo.