LA PUBLICA MORALIDAD Y LA MORALIDAD DE LA GENTE

Me comentaban las disposiciones drásticas que existen actualmente en el Estado de Florida para perseguir la droga, la prostitución, la pornografía...

Por otra parte, en The Wall Street Journal del pasado 20 de febrero, se tocaba el tema de la inquietud que hay en los Estados Unidos por introducir una calificación -una especie de censura- para que los padres puedan bloquear los programas-basura en sus televisores. Igualmente es ya una realidad la intervención, por parte del gobierno, contra las secciones pornográficas que tiene ahora Internet. Podríamos decir que hay una reacción positiva de la sociedad para defender los valores morales tradicionales.

Y es razonable que esto ocurra. En nuestros países, de cultura más sólidamente cristiana, lo vemos esto como un poco lejano, pero es un tema que debe preocuparnos: conocer lo que ha pasado en otros países y estar alertas para no permitir que nos suceda algo semejante.

Ya sé que habrá agoreros que dirán en que Guatemala estamos muy mal: pero no es verdad. Estamos a tiempo de defender nuestros valores.

Ilustra conocer, por ejemplo, lo que sucedió en Inglaterra por los años 80'. Hay un libro, "Relato de una madre", donde un ama de casa, Victoria Gillic, cuenta cómo se opuso al gobierno británico, con una acción jurídica llena de valor y de dignidad civil, luchando contra una campaña de arrogantes políticos y organizaciones 'de bienestar' familiar. Se trataba de un servicio gratuito a las escuelas, hecho a espaldas de los padres, haciendo una campaña de contra-concepción y de aborto gratuito entre escolares. Estamos hablando de menores de edad y de hacer todo esto a espaldas de los padres. El caso Gillik, famoso por los años 80, constituye un ejemplo de lo que puede hacer cualquier persona con coraje, en una sociedad democrática, moralmente rota y pluralista.

Y el caso es ilustrativo también porque, al no conseguir resultados positivos, a los pocos años creció el deterioro de esa sociedad. Vemos -basta leer la prensa- caso de niños que matan a niños, ante el estupor de los mayores; divorcios, no sólo a nivel de la 'realeza', sino en tal grado que el gobierno estudia medidas dilatorias para frenar el número de divorcios que origina cada vez más niños sin hogar, repercutiendo ello en la sociedad de un modo tremendamente negativo. Lo que les ha pasado -y que está pasando de alguna manera en casi todo el mundo- es algo ganado a pulso, al olvidar a ciencia y conciencia valores cristianos que siempre informaron esa sociedad.

Es también ilustrativo el caso de Holanda, país con un permisivismos tremendo con la droga y que actualmente han llegado a permitir dar muerte a los ancianos: en ciertas condiciones ciertamente, pero los asesinan. Y Noruega donde la legislación permite y protege las uniones de homosexuales. Y en Dinamarca donde esto ha llegado a hacerlo la iglesia luterana...

żA donde vamos con todo esto? A lo que se señalaba anteriormente: todo esto de alguna manera nos viene, está encima. Pero podemos y debemos defendernos. Y no sólo esto, sino que debemos estar convencidos de que tenemos los valores correctos y que, de una u otra forma, estamos llamados a difundirlos: en el país, y fuera de él.

El Papa no se cansa de predicar esto. Quizá por ello viaja tanto. Porque está convencido de que está de la parte que gana y de la que va ganar. Es decir, que se hará de nuevo la difusión de estos valores perennes. Es lo que Juan Pablo II llama 'la nueva evangelización'.

Decía recientemente: "La caída de barreras históricas -se refería al derrumbamiento de los regímenes marxistas- nos ha llevado a soñar con un nuevo mundo de libertad y fraternidad. Por desgracia, en muchos casos los hechos posteriores han defraudado nuestras expectativas. Pero el desafío sigue siendo urgente y comprometedor. Nadie ceda al desánimo. Nadie se substraiga a la tarea de construir una sociedad fiel a su noble y fecunda tradición civil y espiritual. Queremos entregar al nuevo milenio una sociedad (aunque hablaba de Europa, se refería obviamente a toda la sociedad occidental) que siga buscando en el Evangelio el principio inspirador de la convivencia en la libertad y la solidaridad".

Esta tarea, en la mente de Juan Pablo II nos afecta a todos, pero especialmente a los cristianos corrientes, a los de "a pie". Se van viendo cada vez más, dentro y fuera de nuestro país, personas, sobre todo entre las jóvenes generaciones, que han comenzado a reaccionar contra los mitos del paganismo. Frente a la búsqueda ansiosa y exclusiva de placeres materiales, frente al individualismo feroz que destruye al hombre, se está despertando en las conciencias la aspiración a metas más altas, el deseo de servir y ayudar a los demás. Por todas partes, se descubren síntomas de una rebeldía al sistema hasta ahora establecido: mujeres y hombres que vuelven los ojos a los valores perennes, hartos de falsas satisfacciones.

Hay mucho mal...y hay mucho bien. Como decía Juan Pablo II a la Asamblea de Naciones Unidas, "No debemos tener miedo del futuro. No debemos tener miedo del hombre". Los pesimistas, los 'profetas de desgracias', los que se dedican por sistema a estériles 'denuncias' y a ver todo lo malo, nunca han sido modelo de una postura sensata, constructora de la sociedad. "Tenemos en nosotros la capacidad de sabiduría y virtud. Con estos dones, y con la ayuda de la gracia de Dios, podemos construir en el siglo que esta por llegar y para el próximo milenio una civilización digna de la persona humana, una verdadera cultura de la libertad. ĄPodemos y debemos hacerlo!

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