LADY DI. EL RESPETO A LA PERSONA Y SU INTIMIDAD

Lady Di tenía todos mis respetos. Lamenté, igual que tantos, esa muerte inútil. Corrieron rios de tinta que con esta ocasión. El punto central fue el de los tristemente famosos paparazzi, caza fotos. Y me chocó la omisión de un tema de fondo: el derecho de toda persona a que se respete su vida privada.

Se acusa a estos fotografos de "homicidio involuntario" (porque una moto precedía peligrosamente al carro donde iba Lady Di) y de "omisión de ayuda" (sacaron fotos en lugar de ayudar). Pero queda el tema de fondo. Un argumento que suele darse como indiscutible para justificar este acoso a la vida privada es que saber de ello "es lo que pide la gente", "eso es lo que pagan"... Me recuerda aquel famoso dicho que resumía lo que pedía el pueblo romano: Panem et Circensem: pan y circo, comida y diversiones. Y eso le daban... Así terminaron: emperadores y pueblo romano.

Recordaba lo que hace quizá un año pudo ser una advertencia. Apareció un video escandaloso sobre Diana que hizo furor en Inglaterra. Luego se domostró que era falso. La prensa protestó en previsión de que se pusieran controles legales que protegieran la intimidad de las vidas privadas. Y se curó en salud hablando siempre del peligro de poner "duros controles" -por lo visto, los controles sólo podían ser "duros", no podía haberlos "justos"-, popularizando el engaño de que cualquier protección a la intimidad sería un daño para el público. Quien fabricó el engaño confesó cínicamente que lo había hecho para así ganar dinero.

Antes fue fuente de abusos la "razón de Estado" o la "la seguridad nacional": todo valía por el bien del país, incluso una guerra sucia. Ahora la razón máxima para algunos es que hay que dar a la gente lo que le gusta consumir. Este es el argumento de defensa del sindicato de fotografos frances (Saphir). Basta aplicar esta idea al consumo de droga para ver que es falsa.

El interés del publico por una información no justifica todo: hay límites y específicamenete el derecho a la intimidad de la persona, sea famosa o no. Cualquiera -también los profesionales de la información y ellos más aún- debe partir de un mínimo sentido de justicia que exige que, incluso cuando hay un delito, se proceda con prudencia: no se puede dar por cierto un delito -o un chisme- cuando sólo es una posibilidad. Y no es excusa la curiosidad malsana que todos podemos tener. Cualquier persona

-pública o no- tiene derecho a que su vida privada se respete por todos. Nadie ha dado el derecho a "la prensa" o "los fotografos" incursionar morbosamente en la intimidad de la gente. Y lo anterior es una verdad básica para la sobrevivencia de una sociedad, aunque se trate de un hipotético delito. En este caso la prudencia -el respeto a las personas- exige no airerar lo que es sólo una posibilidad. Hay normas de cautela y prudencia prevista en las legislaciones, que evitan que sea el único camino para la defensa de la justicia el sacar a la curuiosidad malsana y oliscona lo que es sólo una posibilidad.

Quizá resume esto el pensamiento de Muñoz-Alonso, Catedrático de la Universidad Complutense de Madrid, hablando de este caso: El "interés público de una información no lo justifica todo, especialmente si se ponen en peligro otros bienes jurídicos, como puede ser la intimidad. Resulta bochornoso que se quiera amparar en la nobilísima bandera de la libertad de prensa lo que no es sino un sórdido mercadeo de exclusivas sin más objetivo que el beneficio que produce el sensacionalismo amarillista. Sería un sarcasmo estimar que tales informaciones responden al "derecho a saber" del pueblo en una democracia. La libertad de prensa no es un absoluto y tiene límites jurídicos y éticos. Los primeros se imponen por la ley y los tribunales; los segundos sólo pueden imponerse voluntariamente por los profesionales.

Hosted by www.Geocities.ws

1