PORNOGRAFIA, ARTE, LIBERTAD, CENSURA

Hay quienes manejan los conceptos del titular, pero con los dados cargados: si sale cara, yo gano, si sale cruz, tu pierdes... La polvareda que ha levantado en ámbitos del arte y de los medios de comunicación social el Decreto 27-2002 del Congreso de la República, revela la sensibilidad del sector -y de todos nosotros- hacia todo lo que pueda afectar a su libertad. Se ha dicho que el proyecto roza la censura. Sin duda, en un tema tan complejo la regulación será siempre polémica y el texto es manifiestamente mejorable. Sin embargo,

algunos discuten no tanto el Decreto como la mera existencia de una regulación externa. Incluso muchos reconocen la necesidad del autocontrol, pero abominan de la regulación, peor si es gubernamental.

Y, ciertamente, tanto en las personas como en las instituciones, lo mejor es el autocontrol. La ley surge cuando éste falla y es preciso arbitrar los distintos intereses. Y a veces los interesados muestran tanto autocontrol como los automovilistas a la hora de parquear en la zona viva de la ciudad.

Intentemos analizar algunos conceptos involucrados en este tema. Razonar por partes.

Para que la sociedad no se vuelva loca, hace falta promover los valores que la protegen. Así razonaba el sociólogo belga Claude Javeau, analizando una tragedia que conmovió a aquel país - dos niñas, secuestradas, víctimas de abusos sexuales y dejadas morir de hambre por su asesino-. De acuerdo con las medidas legales, dice; pero ¿podemos extrañarnos de tales tragedias cuando vivimos en medio de una permisividad sexual a ultranza? Concluye con una buena dosis de sentido común: mientras fomentemos o consintamos la presente saturación de estímulos sexuales, estamos interpretando el papel del bombero que es incendiario. Hemos de cambiar la moralidad pública además del Código Penal, concluía.

La vida social es como el medio ambiente. Una persona tiene derecho, para él y para su familia, de un ambiente limpio, y lo obsceno, hecho público, lo enturbia. Es verdad que los publicistas, los artistas, etc. son libres, pero les sucede como a cualquiera; uno no puede tirar a la calle lo que los demás consideran que es basura: la ciudad es de todos, deben respetar. Quien promueve públicamente antivalores, y no respeta los valores mayoritarios de la sociedad en que se mueve, está contribuyendo a desvalorizarla, a debilitarla. Son unos saqueadores de nuestros valores morales y culturales. En cierta ocasión Juan Pablo II recordaba las repercusiones éticas que tienen en el público los mensajes y modelos de vida divulgados por los medios de comunicación. Ellos tienen, por eso, decía "una responsabilidad moral sobre la 'ecología humana', pues tales medios pueden provocar una contaminación de los espíritus no menos preocupante que la contaminación del medio ambiente". Y añadía que es necesario establecer una legislación seria, que luego se lleve a la práctica, y fomentar una mayor responsabilidad por parte de los profesionales, padres, educadores y autoridades públicas.

Hay que clarificar conceptos. Algo no es sólo arte sino pornografía,: cuando está dirigidas a provocar excitación sexual y a la explotación del cuerpo humano, no a su contemplación estética. El sentido común y la experiencia revelan que el ambiente que nos rodea influye grandemente en la formación de nuestros gustos, opiniones, creencias y acciones. Ofrecer públicamente la pornografía no es una cuestión privada, porque ataca la dignidad de la persona humana y el derecho a la intimidad de las relaciones sexuales, haciendo de ellas un hecho publico y mercantil. Ataca el bien individual y el bien común de la sociedad que se encuentra en gran peligro cuando la degradación sexual y la violencia son motivo de diversión.

La difusión de la pornografía daña la formación de los hijos. Como alguien comentaba recientemente, va directamente contra nuestra común ética judeo cristiana, pero hay más. Ataca indirectamente a la familia, comunidad fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. Si la pornografía circula libremente en el mercado, se dificulta mucho a los padres educar a sus hijos en los valores correctos. Y cuando cede la familia, la sociedad pierde con consecuencias desastrosas que nos afectan a todos

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