PORNOGRAFÍA Y LIBERTAD DE EXPRESIÓN
El titular es el planteamiento que suele hacerse del tema, pero no acaba de ser correcto. Mejor dicho, induce a error. Es evidente que nadie debe ser obligado en su conducta personal a lo que no quiere; pero es igualmente cierto que no se puede difundir en la sociedad, algo que es dañino para todos. Ya hizo referencia muy claramente a este tema Alvaro Castillo, pero me parece oportuno seguirlo.
¿Se puede promover la pornografía? ¿Por qué no? La razón es clara: hay planteamientos, promoción de conductas antivalores, que –repito, no me refiero a la conducta privada de cada uno- la sociedad está en su perfecto derecho a rechazarlas, por cualquiera de los medios lícitos a su alcance. Hoy en día, por ejemplo, a nadie escandaliza que no se permita la apología del tabaco, de la droga, de la violencia. Hacer la apología de un sexo desorbitado, fuera de su razón de ser, que eso es la pornografía, puede y debe ser rechazada por la sociedad. Ocurre como en la defensa del medio ambiente: cada vez hay más conciencia y, aparte de las sanciones legales, todos miran como a salvajes a quienes inundan de humo negro la ciudad o a las fábricas que contaminan mi ambiente. Son depredadores del ambiente, de los valores de la sociedad en el caso de la pornografía. Por ello, es muy razonables y no es ofensa a la libertad el art. 196 del Código Penal, que prohibe exponer, distribuir y hacer circular este tipo de material. Esto se agrava cuando está fácilmente al alcance de los niños, pero esto es sólo su aspecto más penoso: hace daño a todos.
A veces se pretende dar un matiz exclusivamente religioso al tema, pero nuevamente hay que decir que este planteamiento induce a error. La pornografía va directamente contra la ética judeo cristiana, pero hay más. Ataca indirectamente a la familia, comunidad fundada sobre el matrimonio entre un hombre y una mujer. Si la pornografía circula libremente en el mercado, se dificulta mucho a los padres educar a sus hijos en los valores correctos. Y cuando cede la familia, la sociedad pierde con consecuencias desastrosas que nos afectan a todos.
Ejemplos de esta inquietud abundan. Noticias recientes de EE.UU (WASHINGTON DC, 06/02/02, ACI) señalan que Bush está intentando frenar el imperio pornográfico para
recuperar valores. Con Clinton fuera, los tiempos parecen cambiar y los magnates del porno están nerviosos de que se lance una ofensiva contra la industria pornográfica y las corporaciones involucradas, con sus ganancias millonarias. En la reciente batalla judicial por bloquear la telebasura, durante la presentación de los argumentos a los jueces, el Fiscal General de los Estados Unidos, Theodore B. Olson, daba argumentos que se pueden aplicar a cualquier tipo de publicación. Avisaba sobre "el daño substancial e incalculable para nuestros hijos" que produce el material sexual explícito. Algo muy grave debe ser todo esto para la sociedad actual, para que se llegue a decir: "es necesario restringir la libertad de expresión". Y no es una declaración de un gobierno autoritario, sino el llamamiento lanzado por la directora de UNICEF, Carol Bellamy. No estamos ante un problema de censura, sino de supervivencia y defensa de la sociedad.
En la misma línea, fue muy comentado en su momento -y señala luces a este tema-, el haberse constituido en Ontario, a instancias de la Comisión de Derechos Humanos de la provincia, un tribunal especial para atender una denuncia contra la pornografía. Lo que se dirimía aquí es si la industria pornográfica supone un atentado a la igualdad de la mujer. Hacía cinco años, dos mujeres presentaron ante dicha Comisión una demanda contra tres establecimientos de prensa que vendían revistas pornográficas, alegando que esas publicaciones las discriminaban injustamente por presentar a la mujer como un simple objeto sexual.
Dicen que la humanidad se divide en tres categorías: los que observan la marcha del mundo, los que se lamentan de la marcha del mundo, los que actúan para cambiar la marcha del mundo. Estos son los forjadores del mundo en que vivimos.
El tema de la pornografía es claro. Lo que hace falta es no dejarse. Medios legales y de acción social sobran.