LA BOMBA DEMOGRAFICA EN GUATEMALA
Hace 20 años, Ehrlich, un biólogo especialista en mariposas, surgió al escenario nacional con un libro realmente exitoso, La Bomba Demográfica (1968). Pretendía demostrar el por qué la superpoblación constituye el principal problema para nuestra ecología. Las primeras tres frases del prólogo del libro son suficientes para analizar su credibilidad: "La batalla para alimentar a toda la humanidad ha terminado. En 1970, en el mundo cientos de millones de personas morirán de hambre, a pesar de los programas de emergencia que se establezcan ahora. En estos momentos, ya nada puede impedir un incremento sustancial en la tasa de mortalidad mundial...". Por supuesto... nada de eso sucedió.
Pero la mentalidad estaba en marcha. Ahora estamos viendo sus resultados. En muchos países desarrollados se lamentan de lo que llaman invierno demográfico. El 2 de diciembre pasado "The Guardian" de Londres publicaba un reportaje titulado "¿Ser una "mamma"? No bromees", en el que constataba la casi completa ausencia de niños en Roma. El autor Rory Carroll describe cómo le llamaba la atención la notoria ausencia de niños: "a veces parece como si no hubiera nadie por debajo de los trece años". Con menos de 1,2 niños por mujer, los expertos calculan que dentro de cincuenta años la población de Italia, de 57 millones, disminuirá en una tercera parte... Ahora, dan marcha atrás. Se cumple el dicho popular: ahogado el niño, a tapar el pozo...
Recientemente en Guatemala presentaron el informe Guatemala: proyecciones de población, periodo 2000-2005, que señalaba una tendencia al decrecimiento poblacional en la próxima década, y se calcula que el país tendrá 13 millones de habitantes en 2005. Un comentario del ministro que presentaba el informe revelan la mentalidad antinatalista... "a medida que haya más conciencia del problema de nacimientos, la tendencia será a la baja". Para él los nacimientos -los niños en concreto- son un problema... Y no es verdad.
Pocos días después, en un informe de Naciones Unidas se comentaba que tenemos un altísimo índice de pobreza. Algunos comentarios, incidían en ese mismo error: a mayor población más esfuerzo, mayor problema. El comentario de María del Carmen Aceña, por el contrario, era claro en cuanto al tema de la población: "reducir el índice de población no es el problema. Se necesita establecer reglas claras para generar mayor inversión, la cual traerá más y mejores empleos.".
Hay que reaccionar ante esta mentalidad antinatalista, que está dañando la vida familiar y como consecuencia, obstaculiza el crecimiento económico y el desarrollo de las gentes. Esta ideología maltusiana anacrónica, promovida por varias agencias de las Naciones
Unidas, afecta la imagen de la familia y falsamente hace al niño una amenaza para el bienestar económico.
Es verdad que los recursos, en su mayor parte, no crecen en los árboles: son las personas las que los producen, ellas los crean, ya sean alimentos, industrias, máquinas, nuevas tecnologías o reservas de materias primas extraídas, refinadas y elaboradas. 'Los recursos salen de la inteligencia de las personas más que del suelo o del aire -dice Julian Simon, profesor de Administración de Empresas en la Universidad de Maryland (Estados Unidos)-. Desde el punto de vista económico, las inteligencias importan tanto o más que las manos o las bocas. En general, los hombres crean más recursos que los que gastan. La población es el principal recurso para acelerar el progreso’.
Se me olvidaba: no basta producir más. Hay sociedades muy ricas, pero muy tristes, muy pobres en humanidad, muy insolidarias. El artículo citado al comienzo, The Guardian, cita varios posibles factores causantes de este cambio dramático, en una cultura en la que no hace muchos años abundaban los niños. Una de las causas que señala es precisamente el egoísmo. Lo más importante para una sociedad es que haya una buena formación en valores: los de siempre... Si no, podrán ser ricas, pero infelices. Mal negocio.