LA SITUACION... żES IRREVERSIBLE?
Recientemente leía un artículo de opinión donde se preguntaba quien tiene la culpa de la situación actual, que nos viene de la ineptitud de los de arriba. Y lo centraba en que se debía a la falta de buena voluntad, a que todos pensaban en si mismo, en el egoísmo. Planteaba que esto no es más que repetir la história y que, por tanto, los grandes planes de nación, de concertación, unión de esfuerzos, están llamados al fracaso.
Hay algo muy malo en estos enfoques. Ya sólo por esto, prescindiendo de conclusiones políticas inmediatas, fue muy positivo el hecho de la reciente reunión de empresarios pretendiendo arreglar la situación.
Pienso que uno de los más grandes daños que produjo la pasada confrontación armada, es haber traído una ola de pesimismo. Es haber creado en muchos, la inquietud, cuando no la vergüenza, por su propia historia. A fuerza de insistir, han conseguido convencer, casi, casi, de que somos incapaces de valernos por nosotros mismos. El otro día comentábamos con unos amigos sobre un simposium realizado en un país africano, Nigeria. Allí un nigeriano asistente comentaba que al estudiar la situación de su país, con enfoques cristianos positivos –es decir, con valores universales- había logrado superar su anterior pesimismo y, ahora, estaba convencido de que con su trabajo podía y debía colaborar en la construcción de su país. Aquí, uno comentó, en broma... y quizá algo en serio... eso no se podría haber dicho en Guatemala. Sólo le faltó decir lo que, hace años, un español ante un lema nacionalista de aquella época, España, Una..., y comentaba: "... es una... porque si hubieran dos, todos se irían a la otra".
De todas maneras, para nuestro consuelo, esto ocurre en otros países. Precisamente a comienzos de año, en su reunión con los miembros del cuerpo diplomático acreditados ante la Santa Sede, Juan Pablo II se refirió a la situación de "corrupción y violencia" por la que pasa Latinoamérica, pero haciendo un llamado a "mantener viva la esperanza en medio de las dificultades actuales" pues "la situación presente no es irreversible". En la reunión, llevada a cabo en la Sala Regia del Vaticano, explicó que "en algunos países de este gran continente, la persistencia de desigualdades sociales, el tráfico de drogas, fenómenos de corrupción y violencia armada pueden poner en peligro las bases de la democracia y desacreditar a la clase política". E insistía en mantener viva la esperanza siendo conscientes de que la situación presente no es irreversible y que se puede superar con la colaboración de todos.
Hago la anterior cita no por aquello de que mal de muchos consuelo de tontos; si no para salir al paso de esa tentación de pesimismo nacionalista a que me refería al principio. Hay que superar el clima de desaliento, precisamente para poder poner fin a la violencia y combatir la pobreza. Hay que estar convencido de que el mal no tiene la última palabra y rechazar el refugio tentador de la desesperación. Es ésta condición necesaria para poder comprometerse en la construcción de una Guatemala mejor. Hay que invertir... pero primero en esperanza.
Estamos hablando de la necesidad de la virtud humana de la esperanza. Y de una pasión, que la acompaña: lo que podría llamarse la ilusión, el entusiasmo ante el futuro, las ganas de pelea para mejorar. Es una virtud y una pasión propia de quienes confían en que no estamos aquí por azar, que hay algo más por alcanzar que el próximo fin de semana. Es la virtud y la pasión que hace que sepamos para qué madrugamos todos los días. Nos recuerdan que un sólo hombre, una sola mujer, puede cambiar la historia. No sería la primera vez. Sólo hay que atreverse a no ser pesimistas, a salirse del redil de los acomplejados. Es atreverse a pensar que la esperanza es una niña que me da cada mañana los buenos días.