A QUIEN PERJUDICA LA CORRUPCION

Grandes aliados de la corrupción son el cinismo y el pesimismo. Lo primero lo retrata aquel que respondía al que se disculpaba por algo: "No tengas pena...; pena es sólo entrar a robar y salir sin nada...". El otro enemigo, el pesimismo, la desesperanza, quizá es más perjudicial: es la tentación de quien se deja aplastar por el peso de lo que está mal. Y lleva a renunciar a cualquier compromiso para trasformar el presente. Están convencidos de que no se puede cambiar nada, que todo esfuerzo está destinado al fracaso. Esto es tremendo para las personas y las sociedades, porque si no se puede cambiar nada, ¿qué sentido tiene la esperar nada?. No queda más que ponerse al margen de la vida. Son hombres y mujeres, desconfiados, indiferentes ante todo, incapaces de luchar y de esperar. Hacen mucho daño, porque dejan el camino libre para el mal, y concretamente, entre otros, para la corrupción.

Quizá es importante aclarar a qué nos referimos con la palabra corrupción. A veces se añade después la palabra pública y privada. Pero no son cosas comparables. Veamos con un ejemplo. Si uno soborna al contador de su negocio para que falsifique su contabilidad o lo hace con el Controlador de cuentas para que acepte una declaración falsa, en ambos casos es con la misma finalidad: pagar menos impuestos. El contador ha faltado a su deber profesional y ha actuado inmoralmente con todas sus consecuencias, incluso sociales; pero no tiene un deber contractual de velar por los intereses del fisco, como el empleado de la Controlaría de cuentas. Este si tiene el deber adicional, por su cargo, de velar por los intereses del fisco. Además, la corrupción del empleado público tiene una especial repercusión en la moralidad de la sociedad y en la conducta de los ciudadanos privados. Por esto, cuando se habla de que la corrupción es una gran lacra que mina la economía de Latinoamérica (Gaviría, Secretario de la OEA, en enero de este año) se refiere obviamente a la publica. Por ello es al menos inmaduro, como hizo nuestro Presidente, comparar la corrupción pública con la privada, y menos excusar aquella con ésta.

Tan grave es el tema, que ya desde hace unos cinco años sobornar a un funcionario extranjero para obtener un contrato es un delito en el ámbito de la Unión Europea.. Esto es para erradicar la extendida costumbre de pagar comisiones ilegales en la negociación de los grandes contratos de infraestructuras, bienes de equipo o material bélico, en los que compiten fuertemente las empresas multinacionales apoyadas por sus gobiernos. Hasta entonces sólo Estados Unidos tenía una legislación de este tipo, adoptada en 1977 tras el caso Lockheed, sobre la venta de aviones de combate. En cambio, en países como Alemania y Canadá, los sobornos al extranjero se consideraban como una práctica inevitable e incluso deducible como gasto a efectos fiscales. Por eso EE.UU. se quejaba de que sus empresas estaban en desventaja a la hora de competir con las de otros países.

La corrupción en el sector público se considera uno de los mayores obstáculos -si no el primero- al desarrollo económico en los países pobres. Los sobornos incitan a veces a los gobiernos de estos países a emprender proyectos inútiles, que aumentan su endeudamiento. Además, la corrupción falsea los mecanismos del mercado, encarece los costes y a menudo reduce la calidad. También compromete el desarrollo de las empresas nacionales, que no pueden rivalizar con los medios financieros de las extranjeras.

El problema es que actualmente en Guatemala se puede llegar a tener la sensación de que estamos en un ambiente de corrupción generalizada que parece imposible hacer negocios sin sobornar a las autoridades. Pero hay que afrontar esto con valentía. Las culpas nunca son anónimas: yo soy responsable, de mi y del ambiente que me rodea. Hay que rechazar la falsedad de justificarse bajo la amplia sombrilla del "todos lo hacen".

Se debe huir del pesimismo: no aceptarlo ni aún en la conversación familiar: los esfuerzos de cada uno de nosotros repercuten sobre los demás, en la familia, la empresa, la sociedad. Podemos arreglar todo esto.

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