UNA DEMOCRACIA EN CRISIS... ¿INSOLUBLE?
Las crisis sociales se detectan por los chistes o frases que circulan. Por ejemplo: "La trampa es buena... si cuela"... O aquella otra: "Lo malo no es entrar a robar, sino salir sin nada". Muchos de esas frases, aplicadas a la crisis que padecemos –ineptitud y corrupción, en síntesis- reflejan la ausencia de principios en el gobierno.
¿Qué nos pasa? Es evidente que no funciona nuestra sociedad política. Y muchos, no ya se visten de negro, sino que están permanentemente negros, pesimistas. Pienso sinceramente, que éstos, son el mayor daño para el país.
Son evidentes los problemas que tenemos: inseguridad –lo más sensible para muchos-, sistema judicial y penal defectuosos, educación, corrupción, pérdida de valores... Y si quisiéramos centrarnos en algo, podríamos elegir este último: pérdida de los principios rectores de la persona, la familia y la sociedad. Es cierto que debemos arreglar lo concreto e inmediato, impuestos incluidos; pero sin olvidar que la pérdida de valores es la causa oculta y última de nuestra crisis social. Tres consideraciones sobre el tema.
Para fortalecer la vida democrática siempre hay que promover –defender, viviéndolos- los valores genuinos universales: esta es la verdadera garantía de la estabilidad de una sociedad. Cuando se pretende hacer una sociedad, en contra o simplemnete prescindiendo de esos valores, esa democracia no sirve para el verdadero progreso: incluso puede volverse contra ella misma. Con una feliz frase de Juan Pablo II, "una democracia se mantiene firme o se viene abajo en virtud de los valores que encarna y promueve.". Y como consecuencia, y esto nos atañe a todos personalmente, la buena salud política se mide por la participación de todos en la vida pública. Es asunto de todos y cada uno.
Otra consideración es que una sociedad basada en leyes que ignoran los principios y valores objetivos, puede ser peligrosa. La razón es clara: somete las decisiones al puro arbitrio de las personas que lo emanan, sin tener en cuenta la dignidad insigne del prójimo. Ejemplos históricos sobran: solo recordar los crímenes de los nazis, muchos de ellos legalmente respaldados. Pero no hay que ir tan lejos: actualmente tenemos en muchos lugares el reconocimiento jurídico del aborto, que suprime a un ser humano frágil en su vida prenatal en nombre de la autonomía de decisión del más fuerte sobre el más débil.
Y esto nos lleva a la tercera consideración. No somos lo peor... Es bueno, muy bueno y pienso que hasta necesario, pensar serenamente... y con datos. Por ejemplo, en España, según los últimos datos (Aceprensa 20 jul 01), en 1999 se practicaron 58.400 abortos, un 8,4% más que el año anterior. Comenzaron en 1985, y no hace falta hacer muchos cálculos para saber cuantos muertos lleva ésta su guerra sucia oculta, peor que la nuestra. Y si se piensa en Holanda, país desarrollado, se supone que sin corrupción, bien administrado, buenas leyes..., pero que matan ancianos, permiten matrimonio de homosexuales, a quienes, además, les pueden dar niños en adopción... uno se queda pensando donde estamos peor. Como anécdota de Wall Street Journal (1 mayo), 10 de cada 100 ancianos holandeses no quieren ingresar en un hospital por el terror de que les sea aplicada la eutanasia, por supuesto sin su consentimiento. Una ultima noticia, que hace pensar. En Suiza, país del que todos se supone que debemos aprender a ser democráticos, la Iglesia católica podrá erigir diócesis sin pedir permiso al Estado, desde el pasado 10 de junio. Desde 1874, la Constitución exigía la autorización del Estado. Aparte de que tardaron 127 años en percatarse del error, lo sorprendente es que los electores suizos confirmaron esa reforma por poco mas del 60 %. Aunque usted no lo crea, 4 de cada 10 suizos siguen pensando que reconocer este derecho a una iglesia, no es correcto... Sin comentarios.
Podemos cambiar nuestro país. Pero es preciso estar convencidos de que podemos... y que no estamos tan peor. Mejor en muchos aspectos, y no los menos importantes.