PORQUÉ Y COMO PIDE PERDÓN LA IGLESIA

Mi amigo me esperaba desafiante a la entrada de la oficina: por fin... están ustedes pidiendo perdón. Se refería a un despacho de prensa titulado "El Vaticano pedirá perdón por sus errores". La verdad es que no me tomo de improviso: es tema que ha salido con frecuencia. De hecho, el periodista italiano Luigi Accattoli ha contado no menos de noventa y cuatro ocasiones en las que el propio Papa ha reconocido los errores y pecados de los cristianos en relación, entre otros hechos históricos, con las Cruzadas, la Inquisición, la persecución de judíos, las guerras de religión, Galileo o el trato dispensado a las mujeres.

Quizá lo primero que puede comentarse sobre esta actitud de pedir perdón, es que la Iglesia Católica es la única institución que permanece idéntica a si misma a lo largo de veinte siglos. Y por tanto, acaba siendo la única que se siente con autoridad moral para responder por errores del pasado. A nadie se le ocurre hoy en día pedir responsabilidades a la actual Corte Suprema de Justicia por lo errores de los magistrados del siglo pasado o al actual gobierno español por los fallos del gobierno franquista

-del que, por cierto, está en legal continuidad- o por la expulsión de los judíos en el Siglo XV. Que el Papa asuma y pida perdón por esos errores es una muestra de coherencia y estabilidad de una misma Persona moral, idéntica a través de los siglos.

Otro punto es por que surge todo esto. Juan Pablo II, en la Tertio Millennio Adveniente de 1994, propone que el tiempo que falta para el tercer milenio sea como un examen de conciencia: "Es justo que la Iglesia asuma con una conciencia más viva el pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de Cristo y de su Evangelio, ofreciendo al mundo, en vez del testimonio de una vida inspirada en los valores de la fe, el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran verdaderas formas de antitestimonio y de escándalo". Las menciones de pecados históricos hechas por el Papa buscan lo que él ha llamado la "purificación de la memoria". Reflejan sabiduría y apertura de espíritu.

El Papa se adelantó a las críticas. Señaló que "la Iglesia, aun siendo santa por su incorporación a Cristo", "siempre necesita de purificación", y por eso "no se cansa de hacer penitencia". Y recordaba que "reconocer los fracasos de ayer es un acto de lealtad y de valentía que nos ayuda a reforzar nuestra fe, haciéndonos capaces y dispuestos para afrontar las tentaciones y las dificultades de hoy".

Independiente de la deformación con que se nos presenta la historia en películas y novelas -no fueron tan malas gentes en tiempos pasados....-, el Papa, cuando habla de pecados o errores, deja claro que se refiere a miembros o representantes de la Iglesia, no a la Iglesia misma. Pero casi siempre esta importante distinción se pierde en la transmisión por la periodistas. El Papa nunca se refiere a la doctrina, a lo que se llama el Depósito de la Fe, que ha permanecido y permanece invariable a lo largo de veinte siglos. Prueba de ello es precisamente que la Iglesia pueda reconocer las culpas que algunos de sus miembros cometieron a pesar de -en contra de- la doctrina de la Iglesia. Ella, con su doctrina, sigue siendo la misma.

A mi amigo sólo respondí que lo que hace el Papa no es sino un signo de la vitalidad y perennidad de la Iglesia. Y que para reconocer culpas, bastante tengo con mis errores personales, para que me vengan a aumentar los ajenos. Iba añadir que tan antepasados del Papa como suyos son los "pecadores" por los que el Papa pide perdón: que no le dejara sólo. Pero ya no me dio tiempo...

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