PENA DE MUERTE, RAZONES Y SINRAZONES

El Papa nos dejó muchos mensajes clarísimos. Ahora nos toca aplicarlos. Pero también nos dejó una petición, de la que no encontré texto literal, pero si referencias bastante fidedignas (Zenit, Roma, 30 julio). Es del portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro, quien señaló que Juan Pablo II se siente sumamente satisfecho por la iniciativa del presidente de Guatemala, Alfonso Portillo, de abolir la pena de muerte en su país. Ya antes Portillo, como es sabido, había suspendido las ejecuciones de condenados a muerte y presentó un proyecto de ley a favor de la abolición de la pena capital, que será analizado por el Congreso. Hasta aquí el Papa, en su derecho y su papel de defensor de la vida. Y entramos nosotros, que debemos analizar el tema de tejas abajo, es decir, su aplicación en la propia casa. Y han abundado los comentarios.

Por parte de los legisladores, están a favor de continuar con la pena capital un 73% . Y un 47% consideran que la propuesta es oportunismo de los gobernantes. Otros, los Procuradores de Derechos Humanos de Latinoamérica, reunidos el pasado 2 de agosto aquí en Guatemala, están a favor de la abolición de la pena de muerte. Las razones son vartiopintas: desde quien afirma que debe suprimirse porque no es disuasiva, hasta la de que un juez puede equivocarse, o recurre a la Biblia. Aunque precisamente un comentarista, con un sonoro titular Mátennlos, intenta fundamentar en ese Libro la bondad de la pena de muerte. Otro expresivo titular va por la misma opción: Por que es popular la pena de muerte. Considero que no está de más matizar algunos comentarios.

Nadie dice que sea inmoral lo que durante siglos se consideró viable éticamente. Hay verdades fundamentales que son inmutables, por ejemplo, el aborto, fue, es y será inmoral siempre. Pero otro caso es éste de la pena de muerte: aceptada antiguamente de modo universal, que actualmente se tiende a suprimir. Por eso el Papa lo ha recomendado así. Estos cambios son consecuencia de que la sociedad mejora, sin que ello implique ni un 'error del pasado' imputable moralmente (nadie puede afirmar que pudo obrarse de otro modo en aquel momento) y mucho menos, un error de la Iglesia en la doctrina.

Otra aclaración básica en este aspecto, que podría considerarse de algún modo previo a toda discusión, la proporciona precisamente un texto de Juan Pablo II: "La medida y la calidad de la pena deben ser valoradas y decididas atentamente, sin que se deba llegar a la medida extrema de la eliminación del reo, salvo en casos de absoluta necesidad, es decir, cuando la defensa de la sociedad no sea posible de otro modo. Hoy, sin embargo, gracias a la organización cada vez más adecuada de la institución penal, estos casos son muy raros, por no decir prácticamente inexistentes".

Es algo muy arriesgado mantener que deba aplicarse la muerte por asesinatos o delitos similares. Suena a ojo por ojo, diente por diente, a estar unos siglos atrasados. Y mantenerla o suprimirla por motivos exclusivamente bíblicos, es inexacto. Cada cual puede mantener la opinión sobre su conveniencia que se haya formado en conciencia. Por supuesto, es superficial defenderla o no por su poder disuasivo: como la brutal respuesta de un juez de California, que al preguntarle si era disuasiva la pena de muerte, contestó: por supuesto, es disuasiva para el condenado, que no vuelve a delinquir.

Nosotros tenemos un problema real: todos estamos atemorizados, hay mucha violencia. Por ésto es popular la pena de muerte. Personalmente considero que, en plan práctico, la pena de prisión -mucho más la cadena perpetua- es perfectamente disuasiva. Por supuesto, a condición de que haya "pena" (se sentencie realmente y rápido) y que haya "prisión" (de veras se cumpla la condena, no se puedan escapar). Ahí es donde tenemos que luchar, aplicar todas nuestras energías: conseguir cuanto antes un sistema judicial y carcelario realmente eficientes.

Éste es el verdadero problema, que no podemos omitir y urge afrontar. Otra cosa es engañarnos y engañar...

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