LA AMENAZA DE PEKÍN

Todos comentamos y nos preocupamos mas o menos por las andanzas y los vestidos del Presidente, de los diputados; por la subida de la camionetas, el sube-y-baja del azúcar. Pero hay amenazas que no por ocultas son menos graves. Frente a ellas, es casi de importancia secundaria quienes estén en los palacios de gobierno. Pero sabiendo de donde viene los balazos, se pierde el miedo. La verdad es clara y da seguridad.

En 1995 se llevó acabo en Pekín la “IV Conferencia sobre la Mujer”, con el propósito de analizar los diversos problemas que lesionan los derechos legítimos de las mujeres en todo el mundo. Ahora, al cumplirse el quinto aniversario de aquella conferencia, se han realizado en Nueva York unas reuniones para preparar la Asamblea de la ONU en el próximo 5 de junio. Hasta aquí los antecedentes. Todo parece impecable y digno de alabanza, incluso el lema de la Sesión especial de la Asamblea General: "Mujeres 2000: igualdad de género, desarrollo y paz para el siglo XXI".

Angela King, Asistente del Secretario General, expresó su gran satisfacción porque estaban llegando a uno de los objetivos principales para la imposición de las llamadas metas de Beijing: derechos reproductivos y sexuales, reconocimiento de "otros tipos de familia" y de "otros tipos de mujeres", derecho al aborto seguro, etc. Posteriormente, en uno de sus informes sobre la próxima  Asamblea General El Cairo+5, el Secretario General recalcó el vínculo entre la salud reproductiva y sexual y los derechos humanos. Annan insiste en que la salud reproductiva y sexual, es un derecho humano básico de las mujeres, aunque no aclara que "salud reproductiva", en lenguaje de la ONU, incluye siempre el aborto. Todo el sistema de las Naciones Unidas está abocado a lograr la plena implementación del programa de El Cairo+5, en colaboración con las ONG´s abortistas.

Concretando, y siguiendo lo ya denunciado por Alfonso Navarro en El Universal (México,  24 de marzo de 2000), lo que se está fraguando –con mucho dinero detrás y, en nuestro caso, pretendiendo además forzar los acuerdos de paz- es lo siguiente. a) Derechos sexuales y reproductivos para las mujeres ¡y para las niñas! Esto quiere decir  que las niñas podrán abortar o prostituirse sin el conocimiento o consentimiento de los padres; b) aprobación de la “perspectiva de género”, según la cual ya no habrá hombres y mujeres, sino personas que se distinguen por la orientación sexual que hayan elegido, pudiendo ser ésta homosexual, heterosexual, lesbiana, transexual o bisexual; c) introducir la educación homosexual (“desconstrucción de la masculinidad”, como dicen) en las escuelas con el fin de dar a conocer todos los “géneros” a los pequeños y que éstos decidan la orientación sexual de su preferencia; d) aceptación del crimen del aborto como medio de anticoncepción y control natal; e) aceptación del término Familias, en lugar de “familia”; de esta manera quedarían legalmente conocidos, con iguales derechos, los matrimonios según la naturaleza humana y la uniones homosexuales y lésbicas; f) derecho de adopción de hijos para estas Otras familias.

Esos planes parecen olvidar que para perfeccionar la sociedad hay que partir de un concepto correcto de persona, matrimonio y familia; si se tergiversan estos conceptos de ley natural, sufre la sociedad y, por supuesto, cualquier plan de población y desarrollo.

Además, la salud reproductiva debe incluir una mejor nutrición, la medicina preventiva, la medicina ginecológica, la educación y los cuidados prenatales, y la protección y el sostén del niño no nacido desde la concepción y durante todo el embarazo.

Y de poco sirve disfrazar las averías familiares con “cambios en los modelos de familia”. Lo que debe hacerse es reforzar, con los instrumentos jurídicos, económicos y educativos, la familia fundada en el matrimonio: la única prevista. 

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