MENSAJE DE PAZ DEL 1 DE ENERO DEL 2001
Hace pocos días se presentó un nuevo calendario para el cumplimiento de los acuerdos de paz de 1996. Se destacó, como es lógico, que entre los 119 acuerdos, había que dar prioridad a los grandes temas, como: justicia, educación, interculturalidad.
Guatemala tiene el derecho y el deber a la esperanza. Afirmacion básica en estos momentos en los que la crisis económica despierta temores de inestabilidad social. Es posible y es debida la primavera para Guatemala, pero tenemos que percatarnos que la situación que padecemos es, antes que una crisis económica, una crisis moral que, si bien no es fácil de superar, es posible hacerlo.
El mensaje del Papa por el día de la paz, 1 de enero, habla precisamente de uno de las asignaturas pendientes a que me refería al principio: la interculturalidad, es decir, el diálogo entre las culturas. Propone este diálogo como condición indispensable para resolver los conflictos armados de origen nacionalista o racial. El lema escogido quiere servir de reflexión para que nadie quede indiferente ante la violencia. De hecho, es el tema escogido también por la Organización de las Naciones Unidas para el año 2001, «Año internacional del diálogo entre las civilizaciones». Tema imposible de resumir aquí, aunque me referiré a algunos de los puntos que más directamente nos afectan.
Coloca la capacidad de dialogar como uno de los pilares para la paz. Señala que reflexionar sobre el diálogo entre las diferentes culturas y tradiciones de los pueblos, indica "el camino necesario para la construcción de un mundo reconciliado, capaz de mirar con serenidad al propio futuro. Se trata de un tema decisivo para las perspectivas de la paz".
Se refiere a un sano patriotismo, no a nacionalismos excluyentes. "El amor patriótico es, por eso, un valor a cultivar, pero sin restricciones de espíritu, amando juntos a toda la familia humana y evitando las manifestaciones patológicas que se dan cuando el sentido de pertenencia asume tonos de autoexaltación y de exclusión de la diversidad, desarrollándose en formas nacionalistas, racistas y xenófobas". Y señala el antídoto a los nacionalismos, poco después de que el mundo ha asistido impotente a tres auténticos genocidios en tres continentes (Bosnia-Herzegovina, Ruanda y Timor Oriental). Para que la "pertenencia cultural no se transforme en cerrazón", el Pontífice sugiere "un antídoto eficaz": "el conocimiento sereno, no condicionado por prejuicios negativos, de las otras culturas".
Hace también claras referencias al valor de la familia para formarse y mantenerse en la propia cultura. "...ser hombre significa necesariamente existir en una determinada cultura. Cada persona está marcada por la cultura que respira a través de la familia. Sin este enraizamiento definido, la persona misma correría el riego de verse expuesta, en edad aún temprana, a un exceso de estímulos contrastantes que no ayudarían el desarrollo sereno y equilibrado. Sobre la base de esta relación fundamental con los propios «orígenes» —a nivel familiar, pero también territorial, social y cultural— es donde se desarrolla en las personas el sentido de la patria".
Diálogo, pero no lo que llama "servil aceptación de las culturas". Tema –y peligro- de indudable interés para nosotros. Se refiere a modelos culturales del mundo occidental que se inspiran en una concepción secularizada y prácticamente atea de la vida y en formas de individualismo radical. Se trata de un fenómeno de vastas proporciones, sostenido por poderosas campañas de los medios de comunicación social, que tienden a proponer estilos de vida, proyectos sociales y económicos que llevan a un progresivo empobrecimiento humanístico, espiritual y moral.
Diálogo, condición para la paz se llama el mensaje. Si alguien desea leerlo completo, puede conseguirse fácilmente en Internet. Se los recomiendo, en especial a la Comisión de Acompañamiento de los Acuerdos de Paz.