POR QUÉ NOS COMPROMETE UN PAPA QUE NO DIMITE

Estamos ante un Papa que ha cumplido ochenta y dos años, con la mente plena de lucidez y el cuerpo quebrantado por la vejez y la enfermedad. Y todo parece indicar que mientras no le falte el último vestigio de fuerza vital, el Pontífice seguirá exhibiendo ante el mundo la ejemplaridad del cumplimiento del deber. En unos tiempos como los actuales, en los que se tiende a considerar a los valores de la juventud y de la salud corporal como los superiores, quizá no haya nada tan necesario como el ejemplo de un anciano que quiere dar testimonio de la única manera en la que es posible hacerlo: a través de la actitud personal. Curiosamente, el pasado mes de mayo, mientras algunos seguían haciendo cábalas sobre su posible dimisión, Juan Pablo II se dedicaba a practicar el búlgaro para poder leer correctamente los discursos que pronunciaría en a Azerbaiyán y Bulgaria.

En esta misma línea declaraba el director de cine polaco Krzysztof Zanussi, al diario de mayor tirada en Italia, «Il Corriere della Sera»: «El Papa no es un "manager" que, al quedar debilitado o enfermo, es sustituido por considerar que ya no es capaz de atender con eficacia los intereses de la empresa», explicaba. Incluso, comunicativamente, considera que la vejez y los achaques del Papa son un elemento a su favor: «Al ver a un atleta viene la sospecha de que persiga objetivos inmediatos. Un hombre débil, sin embargo, sólo puede pensar en las cosas eternas y transmitir mensajes sumamente válidos».

En realidad su indiscutido liderazgo proviene de una doctrina, la cristiana, que ha sabido vivir y profundizar con singular empeño. Por ello sus planteamientos arrastran y sirven a todos. Como ejemplo, sintetizo muy apretadamente un artículo publicado por el semanario Alfa y Omega, que analiza las ocho desafíos que según Juan Pablo II todo líder político o económico, toda persona que quiera promover un mundo más justo, tiene que afrontar en estos momentos. Y tienen un común denominador: poner al hombre y a la mujer en el centro del desarrollo.

Defensa de la vida humana en toda situación. El primer desafío que en estos momentos espera al mundo es, según Juan Pablo II, «la defensa del carácter sagrado de la vida humana en toda circunstancia, en particular ante las manipulaciones genéticas».

Promoción de la familia. El segundo desafío que expone el Papa es «la promoción de la familia, célula fundamental de la sociedad». Mucho antes que ser una cuestión ética o religiosa, presenta la familia como una realidad humana y social.

Eliminación de la pobreza. El tercer desafío para Juan Pablo II es «la eliminación de la pobreza, mediante esfuerzos constantes en favor del desarrollo, de la reducción de la deuda y de la apertura del comercio internacional».

Derechos humanos. Como cuarto desafío, el Papa presenta «el respeto de los derechos humanos en todas las situaciones, con especial atención a las categorías de personas más vulnerables, como los niños, las mujeres y los refugiados».

Desarme. La quinta prioridad actual mencionada por el Papa es «el desarme, la reducción de las ventas de armas a los países pobres y la consolidación de la paz una vez terminados los conflictos».

Medicina para todos. El sexto reto es «la lucha contra las grandes enfermedades y el acceso de los menos pudientes a las curas y los medicamentos básicos».

Conservación del ambiente. El séptimo desafío es «la salvaguardia del entorno natural y la prevención de las catástrofes naturales». Por eso, según el Santo Padre, «es necesario estimular y apoyar la conversión ecológica que, en estas últimas décadas, ha hecho a la Humanidad más sensible con respecto a la catástrofe hacia la que se estaba encaminando».

Aplicación del Derecho. El octavo y último desafío es «la aplicación rigurosa del Derecho y de las convenciones internacionales».

Y concluye su discurso con un reto para uno -¿para nuestros candidatos?-: «... si estas prioridades estuvieran en el centro de las preocupaciones de los responsables políticos; si los hombres de buena voluntad las tradujeran en compromisos cotidianos; si los hombres creyentes las incluyeran en su enseñanza, el mundo sería radicalmente diferente».

Hosted by www.Geocities.ws

1