EL PAPA, ¿SIN FUERZAS?
El titular pertenece a un despacho de la agencia Associated Press, publicado hace unas semanas. Aunque no tenía interrogación, sino lo afirmaba. Cosa con evidente fundamento, pero con un mensaje cifrado falso a todas luces. Veamos por qué. Allí se hablaba de su aspecto cada vez más débil, con evidentes síntomas de Parkinson..., realidades que, en algunos ambientes, lleva incluso a sugerir la dimisión del Papa. En el fondo, muchos de ellos son los que no soportan que el Papa defienda la vida desde la concepción hasta la muerte natural, o que haya forjado una teología del cuerpo y elevado a la familia al altar de las grandes realizaciones humanas.
Pero, ¿ Cómo está realmente Juan Pablo II?
Hablando sobre la salud del Papa, que pronto cumplirá 82 años, el Cardenal Edward I. Cassidy, hasta hace unos meses presidente del Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos, declaró a la Australian Associated Press (8 de abril) que «El Papa está algo débil, y la rodilla le duele, pero su corazón y su mente son fuertes». Esa noche había cenado con él. «Si usted hubiera estado conmigo aquella noche, no habría podido decir que no está bien, pues demostró sumo interés por la conversación. Pero son evidentes las dificultades que tiene para caminar, especialmente ahora con el dolor de rodilla», reconocía. En su conjunto, según el cardenal Cassidy, el Santo Padre tiene «un corazón y una mente muy fuertes, con un cuerpo débil».
Y hacía un apretado resumen de los últimos cinco días (entre el 13 y el 17 de abril): tres encuentros multitudinarios con decenas de miles de fieles, ha recibido a dos Jefes de Estado, se ha encontrado con decenas de cardenales y obispos, y sacó tiempo para encontrarse con los inmigrantes latinoamericanos presentes en Roma. El miércoles, por ejemplo, estuvo durante más de una hora y media en la audiencia general y saludó a los peregrinos en nueve idiomas, después de haber pronunciado una larga intervención. El martes, se había reunido con ocho obispos de Nigeria, país con problemas a causa de la imposición en algunos Estados de la ley islámica (sharia).
En la mañana del lunes, Juan Pablo II, recibió a más de 10 mil peregrinos venidos en Roma para participar en la proclamación de cinco nuevos beatos. Se encontró, además, con el presidente de la República de Costa Rica, Miguel Ángel Rodríguez Echeverría, con su esposa y séquito, así como con el cardenal Miguel Obando Bravo, arzobispo de Managua (Nicaragua). Almorzó con el patriarca latino de Jerusalén y al pedir noticias de los frailes franciscanos sitiados en la Basílica de la Natividad de Belén, pidió que se les llamara en ese mismo instante por teléfono, para dirigirles unas palabras de aliento. Ese mismo día, anunció el viaje que realizará del 22 al 26 de mayo a Azerbaiyán y Bulgaria. El domingo, presidió una larguísima ceremonia de beatificación, al aire libre en la plaza de San Pedro, en una mañana de viento, ante unos treinta mil peregrinos, hablando en castellano y en italiano. A estos encuentros públicos, hay que añadir otros muchos de carácter privado, así como el trabajo de despacho de los asuntos ordinarios de la Iglesia.
El sábado, se reunió con los obispos de la Conferencia Episcopal de Bolivia, que concluían su visita «ad Limina», así como un grupo de inmigrantes latinoamericanos en Roma, a quienes les dirigió palabras de cariño en castellano. Ese mismo día, nombraba secretario del Consejo Pontificio para la Familia a monseñor Karl Josef Romer, quien hasta entonces era obispo auxiliar de Río de Janeiro.
Ciertamente Juan Pablo II tiene problemas físicos evidentes... Pero como él mismo comentaba en alguna ocasión, la Iglesia no se gobierna con los pies... y añadía, ante los comentarios del temblor de su mano izquierda, que el firma con la mano derecha.
Ahora viene a Guatemala, por tercera vez. Como me comentaba mi amigo
Ricardo, en 1983 traía un mensaje de paz -mensajero de paz-; en 1996 a anunciarnos el Jubileo –peregrino de Esquipulas-... Y, ahora, viene a canonizar al Hermano Pedro, y nos deja un mensaje claro: la santidad es posible, también aquí, ahora, para cualquier persona corriente. Un mensaje de esperanza.