MAS PAPISTAS QUE EL PAPA

La primera reseña sobre la beatificación de Pío IX la tuve del Suplemento de Time de este diario. No me extrañó su enfoque, porque sus comentarios suelen ser bastante miopes. Después leí los otros despachos de prensa, y se ve que despertó interés su figura.

Su pontificado fue el más largo de la historia (1846-1978) y dejó una profunda huella –y muy positiva- en la vida de la Iglesia. Era el fin de una época, con todas las tensiones propias del surgir un nuevo mundo. Para valorar la complejidad de la época que le tocó vivir, basta tener en cuenta que Pío IX es contemporáneo de la unidad italiana, la caída de Napoleón III y la consolidación nacional de Alemania, de Marx, de Nietzsche. Una época conflictiva a lo que se añaden las sombras de estar a casi dos siglos de distancia.

Tampoco se puede olvidar que lo que se pretende en una beatificación es destacar sus cualidades espirituales. Para esto no le importa sus actuaciones –o deficiencias- en el campo político; no es el tema. Es lógico que las referencias a su persona en la ceremonia se centraron en la cualidades eminentemente espirituales –los beatos no son proclamados por la Iglesia por motivos políticos -: «le gustaba predicar como un sencillo sacerdote, administrar los sacramentos en las iglesias y en los hospitales, encontrarse con el pueblo romano por las calles de la ciudad (...). Siempre fue indulgente con sus mismos enemigos». Es decir, no se trata de ensalzar sus decisiones históricas –incluso politicas, pues entonces mandaba en un autentico país-, sino destacarlo como ejemplo a imitar y venerarlo por su virtudes.

Sobre su supuesto antisemitismo, la verdad es que fue este Papa el que ordeno abolir disposiciones humillantes para los hebreos, y estableció que fueran considerados como ciudadanos en los Estados Pontificios. En su pontificado se dieron famosas conversiones de hebreos, como la del rabino de Ratisbona. Pero evidentemente, debió ser hijo de su tiempo y estaba inmerso en el, y , como señalo Juan Pablo II, el santo vive en la historia y no está exento de las limitaciones propias del ser humano. Por otra parte, no hay inconveniente en admitir que en el ambiente general de esa época había un antisemitismo hondamente arraigado en la sociedad en general. A ello hizo alusión Juan Pablo II en Roma el 31 de octubre de 1997: "Durante demasiado tiempo, han circulado en el mundo cristiano -no hablo de la Iglesia en cuanto tal- algunas interpretaciones erróneas e injustas del Nuevo Testamento con respecto a los judíos y a su presunta culpabilidad, engendrando sentimientos de hostilidad hacia este pueblo".

Juan Pablo II se centró –de eso se trataba- en su figura espiritual, «su guía en las decisiones de la vida y del gobierno de la Iglesia era Dios, por quien experimentaba una confianza total». En definitiva, Pío IX fue un hombre santo, mas allá de toda polémica.

Si hubo polémicas en el campo político. Aunque no sea este el tema, como hemos señalado, de todos modos para entenderlas hay que situarse en un mundo totalmente distinto al nuestro. En una Europa de mediados del XIX, en el que la forma monárquica era la habitual, Pío IX se veía también en la obligación de custodiar los Estados Pontificios, que entonces todos consideraban como garantía de la independencia frente al poder de los demás soberanos europeos. Pío IX era partidario de la independencia italiana, aunque no veía cómo conciliarla con el mantenimiento de los Estados pontificios. El golpe definitivo al poder temporal del Papa llegó con la toma de Roma en septiembre de 1870, y Pío IX se declaró prisionero en el Vaticano. Se entiende que a las alabanzas del inicio de pontificado, les siguieron muy pronto acusaciones, ataques y calumnias...

Pero continuarlas ahora es sacar las cosas de contexto: nadie intenta justificar sus aciertos o errores históricos.

Hosted by www.Geocities.ws

1