EL PERDON DE JUAN PABLO II Y SUS MENSAJES CIFRADOS

El gesto de Juan Pablo II pidiendo perdón es muy claro, pero a veces hay malentendidos, y sobre todo, hay mensajes más de fondo que pueden pasar inadvertidos.

Sobre malentendidos, baste el titular de un diario: La Iglesia Católica pidió perdón a la humanidad, cuando está claro que a quien estaba pidiendo perdón era a Dios y, más en concreto, por los errores de algunos de los cristianos en siglos pasados. Como el mismo Papa había señalado en otra oportunidad, la razón de esta petición de perdón es muy constructiva: si se quiere la paz es preciso pedir perdón y ofrecer el perdón. "Mientras pedimos perdón, perdonamos". La novedad liberadora del perdón debe sustituir a la insistencia inquietante de la venganza. Es significativa la secuencia de la ceremonia. Fueron siete referencias muy precisas las confesiones que hicieron siete cardenales.

El primero fue el Cardenal Gantin, quien hizo una confesión general de los pecados de los cristianos a través de la historia; luego el Cardenal Ratzinger, confesó las culpas de quienes utilizaron "métodos no evangélicos" en el servicio de la fe. En tercer término, el Cardenal Etchegaray, exhortó a confesar los pecados que han provocado la separación de los cristianos; el Cardenal Cassidy, reconoció las culpas cometidas contra los judíos; el Arzobispo japonés, Fumio Hamao, mencionó los pecados cometidos contra los derechos de los pueblos, de las culturas y de las religiones; el Cardenal Arlnze, invitó a confesar los pecados que han herido la dignidad de la mujer; y el Arzobispo Nguyén Van Thuán confesó los pecados contra los derechos fundamentales de la persona humana. Finalmente, el Papa confesó las responsabilidades de los cristianos por los males de hoy: el ateísmo, la indiferencia religiosa, el secularlsmo, el relativismo ético, las violaciones del derecho a la vida, el desinterés por la pobreza de muchos países.

Sobre esto último, no podemos dejar de preguntarnos por las responsabilidades de cada uno. Hoy y aquí.

También es interesante perfilar, en palabras del Papa, que aunque la Iglesia es santa –porque es de Cristo- "los hijos de la Iglesia conocen la experiencia del pecado, cuyas sombras se reflejan en ella obscureciendo su belleza". Y también que "no se trata de un juicio sobre la responsabilidad subjetiva de los hermanos que nos han precedido: esto es algo que sólo le corresponde a Dios. El acto de hoy es un reconocimiento sincero de las culpas cometidas por los hijos de la Iglesia en el pasado remoto y en el reciente, y una súplica humilde del perdón de Dios".

El mensaje para todos es claro: si queremos la paz, hay que dar el primer paso de pedir perdón. Sólo así se tiene autoridad moral para esperar una actitud semejante en los demás, única base de la paz que todos ansiamos.

Otra consideración de interés es que la Iglesia Católica es la única realidad que permanece idéntica en el curso de los siglos, y por tanto acaba siendo también la única llamada para responder de los errores. ¿A quién se le ocurre preguntarse, por ejemplo, cuál fue, en la época de Galileo, la posición de las universidades y otros organismos de relevancia social respecto a la hipótesis copernicana? O, para ser aun más paradójico, ¿a quién se le ocurre reprochar a Alfonso Portillo los abusos cometidos por Estrada Cabrera? El hecho de pedir perdón la Iglesia de hoy por sucesos, decisiones y acciones de épocas pasadas, es por sí mismo un implícito pero patente reconocimiento de su identidad a lo largo de los siglos; al contrario de las demás agrupaciones, es sujeto perpetuo de responsabilidad: sigue siendo la misma desde hace 20 siglos.

Lo que es interesante poner de relieve es que con su gesto de "pedir perdón" -y de "perdonar", que a veces es el aspecto más olvidado-, Juan Pablo II está invitando a todos a tener la valentía de hacer otro tanto. Y eso si que nos toca a todos y en todos los aspectos de la vida…

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