ENCICLICA FE Y RAZON. ¿UN PAPA ENFERMO Y CANSADO?

Me pidieron que hiciera alguna referencia a la nueva Encíclica del Papa, Fe y Razón. Pero antes prefiero hablar sobre el autor. Es un Papa que sorprende de continuo. En reciente comentario el Cardenal Joseph Ratzinger, habla de un tema que pudiera parecer conflictivo: las limitaciones físicas del Papa y el gran poder evangelizador que éstas tienen.

El Cardenal señala que Juan Pablo II es un Papa "enfermo y cansado". El Cardenal describe así al Papa: "La figura doblada, su caminar cansino: necesita apoyarse en su bastón, que termina en una cruz. De hecho, se apoya en la cruz". "Pero justamente en el sufrimiento físico y espiritual del Papa, que nadie puede fingir no ver, se encuentra un mensaje particular de la segunda mitad de su pontificado". Según Ratzinger, en una sociedad en la que todo se orienta hacia la funcionalidad, la figura de "un Papa sufriente" es "un testimonio de anticonformismo". "El político debe irradiar impulso juvenil para parecer elegible. Las modernas profesiones empresariales presuponen un alto nivel de condiciones físicas: curiosamente, en una sociedad que envejece evidentemente, el culto de la juventud sigue avanzando", señala el cardenal Ratzinger: "la enfermedad y la vejez deben permanecer, en lo posible, invisibles".

En cambio, "el Papa no las esconde, porque no quiere ni puede esconderlas", y justamente "de esta manera cumple un servicio importante para todos nosotros". "El Papa sufriente transparenta de algún modo la presencia de algo más grande", agrega el cardenal.

Este Papa es quien se ha dirigido ahora al centro de la crisis de civilización actual, con su encíclica Fe y Razón (Fides et Ratio). Un Papa que, ante comentarios de que le templaba la mano izquierda y que arrastraba los pies, decía que afortunadamente él no gobernaba la Iglesia con los pies y que firmaba con la mano derecha. Con una cabeza y un corazón envidiablemente jóvenes, podríamos añadir. Restan ahora algunas consideraciones sobre la Encíclica, que, aunque está dirigida a filósofos y teólogos, nos interesa a todos. Lógicamente no pretendo aquí más que centrar el tema y animar a leerla.

"La fe y la razón, son como las dos alas con las cuales el espíritu humano se eleva hacia la contemplación de la verdad". Esto es como la síntesis de su contenido central: la cuestión de la verdad, cuestión fundamental de la vida y de la historia de la humanidad. Esto nos importa a todos.

Al margen de las diferencias de cultura, raza o religión, todo hombre se plantea los mismos interrogantes sobre su propia identidad, su origen, su destino, la existencia del mal, el enigma que sigue a la muerte. Es decir, busca una verdad última que dé sentido a su vida. Para buena parte de la mentalidad actual, sin embargo, se trata de una búsqueda inútil, pues el hombre sería incapaz de alcanzar esa verdad.

Es este el punto de partida que ha dado origen a la decimotercera encíclica de Juan Pablo II, que fue publicada el 15 de octubre. El Papa quiere salir al paso de esta situación cultural que ha plasmado un modo de pensar según el cual todo es opinión: la verdad sería el resultado del consenso. Un clima de incertidumbre que afecta a todos, pero son las nuevas generaciones quienes están más expuestas: carecen de puntos de referencia, o se les ofrecen "propuestas que elevan lo efímero a rango de valor". Por todo ello "quiere afirmar la necesidad de reflexionar sobre la verdad". Cuando se olvida esto, se quita el fundamento de la vida del hombre, que acaba por ser víctima de los slogans del momento. Por todo esto, el planteamiento de esta encíclica es vital para el hombre moderno.

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