EL PAPA, LAS BARBAS DE FIDEL Y LAS NUESTRAS
Cuentan de un pastor protestante, de cierto país del norte, que como último recurso para convencer a sus feligreses chapines a llevar buena vida, apeló : si no se portan bien, no entrarán... iba a decir la conocida frase "en el Reino de los Cielos", pero se confundió y terminó: "...no entrarán en los Estados Unidos de Norteamérica". Le salió un concepto muy material del paraíso.
El viaje de Juan Pablo II a Cuba ha sido, sin duda, una gran felicidad para todos. Y todos confían que traerá grandes bienes para los pobres cubanos. Sin embargo, en muchos comentarios de prensa trasluce un afán por querer sacar consecuencias políticas a todo lo que decía el Papa. No dudo que pueda haberlas, pero esa no era el tema ni finalidad de esa visita. Digamos, que estaba muy por encima de la política. Y tampoco era sólo para cubanos.
Por ejemplo, sacar en un titular "El Papa crítica al neoliberalismo capitalista", falsea. Es cierto que lo criticó, pero lo hace con una condicional que es de siempre y decisivo. La frase completa dice: cuando "subordina la persona humana y condiciona el desarrollo de los pueblos a las fuerzas ciegas del mercado, gravando desde sus centros de poder a los países menos favorecido con cargas insoportables".
De corte opuesto era el titular "Los reclamos del Papa Juan Pablo II a Fidel Castro". Como si el Papa hubiera ido "a botar a Castro". El mismo Papa ya había centrado su mensaje: No se trata en absoluto de una ideología ni de un sistema económico o político nuevo, sino un camino de paz, justicia y libertad verdaderas. Por supuesto, tampoco iba a levantar el embargo norteamericano.
El problema de lo anterior es que, no sólo se falsea sino que empobrece y oculta la sabiduría y la elegancia que Juan Pablo II ha manifestado en sus mensajes al pueblo cubano y al resto del mundo. Y quizá lo más grave es que al poner en clave política los mensajes, uno piensa que eso es para otros, no para nosotros. Indudablemente había puntos que eran dedicados a la situación cubana y le venían muy bien a Fidel Castro -que, dicho de paso, ojalá se vaya de Cuba-, pero no sólo a ellos. Veamos -sólo un botón de muestra- algunos textos de la homilía en Santa Clara, y hagamos examen también nosotros: aquí para Guatemala.
"La familia, célula fundamental de la sociedad y garantía de su estabilidad, sufre sin embargo crisis que pueden afectar a la sociedad misma. Esto ocurre cuando los matrimonios viven en sistemas económicos o culturales que, bajo la falsa apariencia de libertad y progreso, promueven o incluso defienden una mentalidad antinatalista, induciendo de ese modo a los esposos a recurrir a métodos de control de natalidad que no están de acuerdo con la dignidad humana...
La maternidad se presenta a veces como un retroceso o limitación de la libertad de la mujer, distorsionando así su verdadera naturaleza y su dignidad. Los hijos son presentados no como lo que son -un gran de Dios-, sino como algo contra lo que hay que defenderse...
La familia, la escuela y la Iglesia deben formar una comunidad educativa donde los hijos puedan "crecer en humanidad". No tengan miedo, abran las familias y las escuelas a los valores de Jesucristo, que nunca son peligro para ningún proyecto social...
Los padres, sin esperar que otros les reemplacen en lo que es su responsabilidad... asuman su misión educativa, buscando y creando medios adecuados en la sociedad civil"... Los textos serían inacabables.
Muchos tenemos que poner las barbas en remojo, no sólo Fidel. Ellos no tienen el paraíso: nosotros tampoco. Incluidos los Estados Unidos de Norteamérica.