UN HOMBRE QUE DESCONCIERTA A SUS CRÍTICOS
Me refiero a un personaje que ha incomodado y confundido a sus críticos, entre ellos a algunos medios de comunicación social, desde que fue elegido. No, no a voy hablar de Arzú.
A propósito del pasado viaje de Juan Pablo II a Francia, Georges Jonas -no católico por cierto- comenta en The Gazette de Montreal, que este viaje es uno mas de la larga serie de ejemplos de como este hombre desconcierta. Intentaron quitar importancia a su viaje. En las entrevistas presentaban casi solo a jóvenes que decían que acudían a escuchar al Papa por el medio ambiente o la justicia social. Juan Pablo, como de costumbre, aparte de referencias a temas materiales -no faltó una mención especial a una maratón ciclista- pasó a temas de fondo, personales: les exigió renovación espiritual. Calculaba que llegarían quizá unos 300 mil: el desconcierto es que llegaron mas de un millón 100 mil. Y sabían a que llegaban.
Ese poder de convocatoria alguno dice que es por su experiencia teatral. Pero es evidente que lo que atrae es la gran coherencia del mensaje: los valores que sigue enviando, cara al tercer milenio.
Recientemente salió en la prensa la visita del hermano de Agca (su virtual asesino) para pedirle que lo perdonara. Le contestó lo que ya todos sabíamos: Yo ya lo he perdonado. Ante la petición de que le fuera concedida la gracia del perdón, añadió: Tenéis que insistir ante el Estado Italiano (que fue quien le condenó). Si aceptan la liberación, yo estoy de acuerdo. Hasta aquí la noticia. Hay otra, que al menos yo no conocía. Son las declaraciones del mismo Agca a Pedro Corral, corresponsal en Roma del diario ABC de Madrid. Interesante, porque confirma, de quien menos se esperaba, una de las razones de por qué el Papa atrae a las multitudes, y desconcierta a otros. Entre otras cosas dijo: "Admiro al Papa; es el último baluarte, la última fortaleza moral para defensa de los valores espirituales de este occidente que va camino de convertirse en un desierto. Aquel 13 de mayo representa la tragedia y a la vez el renacimiento de mi existencia. Cuando supe que el Papa venía a visitarme a la cárcel, el 27 de diciembre de 1983, fue para mí como un sueño, algo increíble. Fue uno de los días más maravillosos de mi existencia. Pero para mí, lo más importante ha sido el abrazo que el Papa dio a mi madre, con sumo afecto, en su encuentro el pasado 15 de mayo en la Basílica de San Pedro. Ya la ha recibido tres veces. Es un gesto que nunca podré olvidar".
Recientemente desconcertó Juan Pablo II pidiendo perdón por las culpas de la Iglesia. No ha tenido inconveniente en reconocer los pecados de sus fieles cuando se han apartado socialmente -en su proyección en la sociedad-, de una vida basada en la fe cristiana. Pero sobre todo señala un camino muy fecundo, para que ese reconocimiento de culpas históricas no se convierta en un simple y torpe echar basura a los demás. Y lo demuestra personalmente con su trato a la familia de Agca. Para que haya triunfo de la convivencia -de la justicia-, antes y más que exigir que los demás pidan perdón, hay que saber perdonar. Y saber pedir perdón. Así hay solvencia moral para marcar el camino a otros...
Una anécdota, a propósito de desconcertar -y de buen humor-. Cuando le contaron que algunos intentaban quitar validez a sus palabras porque decían que ya arrastraba los pies al caminar, que le temblaba la mano izquierda..., comentó que no se gobierna la Iglesia con los pies, y que el firma con la mano derecha.