UN PAPA A PRUEBA DE PERIODISTAS
Algunos titulares periodísticos, con sabor a propaganda editorial, nos hablan de "historias ocultas" o "santas alianzas" a propósito del libro "Su Santidad".
Bernstein, ex redactor de Washington Post, famoso por el caso Watergate, reconoce que sabe poco de la Iglesia católica. Para escribir el libro ha recurrido a la ayuda de Marco Politi, de La Repubblica, diario conocido por su orientación abiertamente anticlerical.
Aclara este tema una reseña del Washington Post (22 sept. 96), de George Weigel, una autoridad en la materia por sus trabajos sobre la influencia de la Iglesia en la caída del comunismo. Weigel concuerda en que Juan Pablo II fue actor decisivo en la lucha por la libertad que acabó con el hundimiento de la Unión Soviética. Pero objeta que "la teoría conspiratoria con que interpretan los hechos -en el libro "Su Santidad"- olvida muchos factores geopolíticos que intervinieron, arroja al menos tanta oscuridad como luz y pasa por alto la originalidad del diagnóstico y del tratamiento que Juan Pablo II aplicó a la confrontación con el totalitarismo".
La preocupación del Papa era que se liberaran del marxismo pueblos cristianos a los que se imponían dictatorialmente falsas ideas sobre el hombre y la sociedad. Por tanto, "el antídoto más eficaz contra la toxina del comunismo, pensaba Wojtyla, pertenecía al orden de las ideas y los valores. Un verdadero humanismo, que defendiera como inalienables los derechos fundamentales de la persona, era el arma con la que se podía hacer frente al comunismo". Weigel hace notar que Juan Pablo II aplicó esta "táctica" -que era estimular los valores cristianos de siempre- años antes de la llegada de Reagan a la presidencia de los Estados Unidos. Por tanto, Bernstein y Politi fuerzan el calendario al atribuir la derrota del comunismo a una "Santa Alianza" forjada por Reagan y el Papa en la entrevista que tuvieron en el Vaticano el 7-VI-82.
Ciertamente el libro señala datos interesantes pero saca conclusiones exageradas. Por ejemplo, citan como prueba de su teoría que el Papa dio "su bendición" a Casey, entonces director de la CIA, después de una audiencia. Sin duda, replica Weigel; pero eso no es más que lo que Papa hace muchas veces al día con las personas que recibe.
"En suma, la hipótesis de la 'santa alianza' que proponen Bernstein y Politi es una exageración que falsea la historia. La coincidencia del Vaticano y la Casa Blanca en la caída del marxismo "no equivale a una 'Santa Alianza' en el sentido de un refuerzo íntimamente coordinado para derribar el comunismo. Por el contrario, la teoría de Bernstein y Politi, muestra que cuando la historia se ve desde una perspectiva exclusivamente política-económica, no se logra captar la textura humana y moral de los grandes acontecimientos".
Quien no tuviera más fuentes de información que este libro, añade Weigel,"no podría saber que éste ha sido un pontificado de gran riqueza teológica". Los autores tampoco comprenden las aportaciones del Papa en el campo del reconocimiento de la mujer como persona y en la vida social, ni que, al ejercer su magisterio en cuestiones como moral sexual, no impone sus personales opiniones a la Iglesia, sino que "desarrolla la tradición autorizada del catolicismo, de la que él es servidor y custodio".
Pero hay siempre buenas noticias en el campo periodístico. El semanario norteamericano NewsWeek acaba de nombrar a Juan Pablo II hombre del año porque "es el único que expuso una filosofía coherente de derechos humanos y aportó una visión de esperanza para la humanidad cuando el mundo se acerca al nuevo milenio".