LAS SORPRESAS Y LAS SORPRESAS DE UN PAPA
No acaba uno de sorprenderse de la capacidad que todos tenemos de leer cosas absurdas y pasarlas como normales. De la Princesa Diana no se más que lo que veo en la prensa diaria. Un video comprometedor para su fama, grandes desplegados de prensa. Y finalmente, una noticia muy chiquita -para leerla casi con lupa- que aclaraba que todo era falso. Y, bien gracias.El periódico inglés ni se disculpaba(tenía que informar... lo engañaron...). El cínico que hizo esa falsedad dice con toda soltura que era para venderlo...
Hay curiosidades morbosas y agresivas que se ensañan en la vida privada de los demás. Y esto es injusto, aunque se trate de personajes públicos. Otra cosa es la indagación hecha por quien tiene obligación de hacerla: pero incluso en estos casos, un mínimo de sentido de justicia y de decencia exige que en la misma investigación de un presunto delito se proceda con cautela y moderación, sin tomar por cierto lo que es sólo una posibilidad. Y esto, insisto, aunque se trate de personas de la vida pública.
No estamos en los tiempos de "el terror" de la Revolución Francesa: uno es inocente, mientras no se demuestre su culpabilidad. No al revés, que nadie deba demostrar que es inocente.
Lo que no me sorprende es que haya prensa sectaria: son los que buscan sólo lo que quieren decir. No buscan la verdad: la fabrican con un "se dice..." o "fuentes habitualmente bien informadas...". O, peor, con anónimos.
Me refiero a una "entrevista" a un fantasmagórico monseñor, hecha para dos diarios -uno español, otro italiano-, conocidos por su línea sectaria contra el Papa. Es notable que alguna prensa que rechaza -en su derecho- el anonimato en los juicios (los famosos jueces "sin rostro"...), acepten un anónimo sin más. Cuando una persona no tiene la valentía de firmar lo que dice, que se calle. Cuando un medio de comunicación acepta un anónimo, aunque aparente traiga esto algún bien, a la larga produce desconcierto, desconfianza,un malestar muy grande en la misma sociedad. Al final, daño.
Dentro de la misma línea sectaria, estaba una información sesgada, incompleta, sobre la visita del Papa a Francia. Por ello me refiero brevemente aquí a esta visita.
En ese viaje, Juan Pablo II ha superado, una vez más, las previsiones y prejuicios. Ha fortalecido la fe de los católicos franceses, subrayando a la vez el patrimonio común con los no creyentes; sin entrar en polémicas históricas artificiales, ha hablado mucho más del porvenir que del pasado; y ha aguantado bien largas ceremonias. Además, hubo una asistencia de fieles mucho mayor que la esperada. La prensa lo reconoce.
Henri Tinck escribe en Le Monde: Francia ha descubierto a un hombre ciertamente no en su mejor forma física, pero que se situaba por encima de las polémicas, desbaratando las trampas tendidas a su paso, y que llegaba a hacer suyos "los ideales de libertad, de igualdad y de fraternidad" de la divisa republicana, y que invitaba a Francia a seguir siendo "acogedora". Y Joseph Vandrisse en Le
Figaro: Frente a los que se afanan en crear enfrentamientos entre
Roma y la Iglesia en Francia, esta muchedumbre (200,000 en Reims, 500,000 en tres días) ha revelado lo fuerte que sigue siendo la unión de los católicos franceses con el Papa y con el Romano Pontífice actual. El Papa deslumbra, comenta Annick Cojean en Le Monde: Una sintonía instantánea entre esta muchedumbre y el sucesor de Pedro. "Construid la civilización del amor" dijo el Papa. Y esta consigna extraña les maravilló.
Estos sí son testimonios, con nombre y apellidos de quien habla. Y de la prensa francesa, sin duda mejor informada que algunos dinosaurios de ultramar. O que otros miopes o sectarios, que no ven lo que todos: un Papa que se nos da, que está dando su propia vida con sacrificio, para que todos seamos más felices: también aquí...