EL PAPA, LOS CRISTIANOS Y LAS GRANDES LIGAS
Según fuentes bien informadas, la reciente venida del Papa movilizó a dos y medio millones de personas. Gran parte seguimos con mucho interés sus discursos para captar qué nos venía a decir. Leyendo los textos oficiales, hay una idea que repite frecuentemente con diversos acentos: paz, reconciliación, solidaridad. Aunque quizá no sea sólo eso...
Algunas frases textuales nos ayudan a concretar: "Urge la verdadera paz, que es fruto del diálogo, del espíritu de reconciliación"..."que cada uno pueda vivir en una atmósfera de libertad, confianza recíproca, justicia social y paz duradera"..."que impere la verdad, el respeto por la dignidad de cada persona, la responsabilidad ante los retos del futuro, el servicio mutuo, la reconciliación"..."pedís los dones del perdón, de la reconciliación y de la paz"..."comienza una nueva época en que las enemistades deben quedar superadas por la fraternidad; las rivalidades, rencores y guerras han de dejar paso a la solidaridad cristiana, al perdón personal y a la paz"..."tener en cuenta el respeto de la dignidad humana y el desarrollo integral de las personas, la solidaridad y la comunión, el perdón y la reconciliación...".
Pienso que hay algo más que nos pide. Evidentemente que se haga la paz entre el gobierno y la URNG, pero...hay algo más. Y ese más es su mensaje general de fondo, el de siempre, sin el cual todo queda en sólo buenos deseos que, aunque se realizaran, no tendrían solidez: no sería algo 'duradero'. Pide -siempre en sus mensajes de Guatemala- "a todos (es de decir a cada uno) "una movilización de las conciencias"; "un común esfuerzo ético" (es decir, personal, de cada uno). Nos pide a cada uno "hacer llegar el evangelio de la vida al corazón de cada hombre y mujer, e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad". No estamos hablando de fáciles moralismos, sino de que nos convenzamos de que el problema no es sólo del Gobierno, de Conapaz, de la Guerrilla, de ONU. De ellos es, pero Juan Pablo II nos está diciendo que es tarea de todos, de cada uno, y que es que algo incluye muchísimo más que el cese de la violencia. Nos dice claramente que todo esto se debe llevar a cabo no sólo con nuevos métodos y nuevas expresiones", sino por el empeño personal que pongamos cada uno de nosotros. No es problema de técnicas, sino de personas, de como cada uno asumimos su mensaje. Como siempre, para poner en marcha cualquier ideal -también el ideal cristiano, al que apela el Papa para pedir la paz- se basa en hombres, no en simples ideas.
Para perfilar la idea anterior podemos acudir a Vittorio Messori el conocido pensador italiano que realizó la entrevista a Juan Pablo II, publicada bajo el título 'Cruzando el umbral de la esperanza". En otra obra anterior, Messori desarrolla una idea muy interesante que nos viene bien al tema que nos ocupa. Expone lo que pudiera ser la raíz del mensaje que hoy debe darse cara a lo que el Papa llama 'la cristiandad de tercer milenio'. Ha llegado la hora, dice en esa obra de Messori, de acabar con un cristianismo de primera y otro de segunda categoría. Por un lado, están a los que se describe como 'profesionales' del evangelio (los sacerdotes, los religiosos, las monjas, algunos laicos especiales...) y por otro lado, los amateur del cristianismo: los laicos corrientes. Y eso no es así: todo el evangelio es para todos. Otra cosa es en realidad como una especie de fraude que hemos hecho para comodidad nuestra y que trae como consecuencia la ineficiencia del Evangelio. Es evidente que cada uno tiene una función determinada dentro de la Iglesia -todos son necesarios-, pero, siguiendo con la imagen de Messori, hay que acabar con la idea de que unos son los que juegan en las grandes ligas (los que llamó 'profesionales del Evangelio') y otros son los que ven el partido desde los graderíos. Estos últimos quizá se emocionan, animan a su equipo, hasta se sienten 'cremas' o 'rojos'...pero no juegan. Este ha sido el error muy generalizado en la mentalidad de los cristianos. La recristianización de la sociedad (de la familia, del ambiente profesional, de las instituciones todas de la sociedad) es tarea de todos por igual: muy particularmente de los que se describen en la obra de Messori como amateur.
Quizá pudiéramos concluir esta líneas considerando que si queremos hacer caso al Papa -por supuesto también para conseguir la paz que todos deseamos- hay que buscar una movilización general de las conciencias y hacer un común esfuerzo ético, que comienza con cada uno en lo personal. Si queremos hacer llegar este mensaje de paz -más profundo que el callar de los cañones- "al corazón de cada hombre y mujer, e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad" como nos dijo en el campo de Marte, debemos dejarnos de estériles reclamos y sacudir cada uno, en primer lugar, su modorra personal.