EL PAPA SABE CONTAR SOLO HASTA UNO

André Frossard es un pensador que ha influido mucho en la juventud actual. Judío de raza y religión, además marxista. Se convirtió y llegó a ser un profundo católico. Como periodista que era -falleció hace pocos años- entrevistó a muy importantes personajes: entre ellos, precisamente, al Papa Juan Pablo II. En uno de sus libros dice la frase que motiva el título de este artículo: "El Dios cristiano sabe contar sólo hasta uno". Como sucede con casi todas las frases agudas, puede tomarse en diversos sentidos, incluso absurdos, si se exageran o se le dan matizaciones no pretendidos por el autor. El sentido correcto de la frase de Frossard es resaltar que Dios no se ocupa de la humanidad en abstracto, con grupo, sino de hombres concretos, cada uno con su nombre y apellido: que no conoce "clases", "partidos", "razas", sino individuos, personas concretas a quienes trata como seres irrepetibles, únicos. Algo semejante al cariño y originalidad con que una madre de familia, aunque sea numerosa, trata a sus hijos: uno a uno, y cada uno como es.

Ahora nos ha venido el Papa. Un prodigio de cariño: de él por nosotros y de nosotros por él. Tiene algo especial que atrae, que los que han tenido oportunidad de estar cerca de él nos cuentan, casi con idénticas palabras: se han sentido únicos, irrepetibles, acogidos por la mirada del Papa. Esto es en realidad un privilegio, un don, que tienen algunos hombres: ver siempre a los demás uno a uno.

Ha sido un gran mensaje el que nos ha dejado. Pienso que todos nos damos cuenta de que la primera obligación y la mínima correspondencia que le debemos es meditarlo, sacar todas sus ricas consecuencias para conseguir esa paz y reconciliación que nos pide.

También pienso que nos ayudaría, para lo anterior, mantener cada uno en lo personal una actitud adecuada hacia las verdades que nos deja, para poder sacar todas sus consecuencias. Porque si no nos mantenemos así, podría ser inútil este esfuerzo de profundizar. Veamos estas actitudes.

*Quizá la primera es que no podemos enfocar a las personas con estereotipos, con ideas preconcebidas: de grupo, cualquiera que sea. Razas, grupos, partidos, lugar de procedencia, clase social... Debemos, podemos entendernos con las personas cuando las afrontamos como son, sin los mitos del colectivismo. Como recordaba el Papa, "no vivimos en un mundo irracional o sin sentido, sino que, por el contrario hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y los pueblos".

* Hay que ir a lo que une, a los positivo. Como decía el Papa recientemente "el tiempo de los contrastes ideológicos quedó atrás. Debemos vencer nuestro miedo al futuro. Pero no podremos vencerlo del todo si no es juntos. La respuesta al miedo que ofusca la existencia humana al final del siglo es el esfuerzo común por construir la civilización del amor, fundada en los valores universales de la paz, de la solidaridad, de la justicia y de la libertad". Son éstas palabras claras, que nos dan una perspectiva para valorar los mensajes concretos que nos ha dejado. Recordamos -con el alivio de verla ya superada- la ideología marxista que ponía su esperanza en fomentar el odio, la conciencia de clase -de grupo- a base de recordar agrarios y odios pasados, objetivos o no. Era la época de las denuncias estériles, negativas, que solo engendraban odio. En acertadas palabras de Juan Pablo II "Nuestra fe nos dice que no podemos ser felices los unos sin los otros, y, todavía menos, los unos contra los otros". En el Campo de Marte, nos lo acaba de decir "comienza una nueva época en la que las enemistades deben quedar superadas por la fraternidad; las rivalidades, rencores y guerras han de dejar paso a la solidaridad cristiana, al perdón personal y la paz".

* Hay que saber convivir. En palabras del Papa: "El primer desafío es, actualmente, el de una conversión a la solidaridad, con magnanimidad, perdón mutuo y reconciliación. La verdadera solidaridad es posible, porque todos pertenecemos a una única familia humana. Nuestra creación a imagen de Dios es el fundamento y la raíz de nuestra dignidad humana y, por tanto, de cualquier derecho." En palabras que aún resuenan en nuestros oídos, nos alentó a tener en cuenta : "el respeto de la dignidad humana y el desarrollo integral de las personas, la solidaridad y la comunión , el perdón y la reconciliación".

*Y quizá lo más importante: todo esto será verdad, no simples palabras, si no nos esforzamos en vivirlo. Hay que comenzar rectificando y mejorando en lo personal. Procurar vivir todo a fondo: que haya coherencia de vida. Precisamente por esto atrae el Papa. Su mensaje es el de siempre: pero él, al encarnarlo, lo transmite casi sin querer. Es lo que hicieron los primeros cristianos, que transformaron el Imperio Romano de pagano en cristiano, por su testimonio y vida personal, haciendo quizá sin darse cuenta la más gigantesca revolución de la historia. Y lo pudieron hacer porque no pensaron que eso era tarea de 'especialistas', de otras gentes -no de ellos- que entendían 'prigilegiadamente' el mensaje cristiano. Se empeñaron -desde un ama de casa,como Perpetua, hasta el emperador Constantino, pasando por el tribuno Marco Publio- en hacer una sociedad con entraña cristiana.

La paz y la reconciliación no es sólo un callar de los cañones; es algo más amplio y profundo: comienza -se hace- en la intimidad del corazón de cada uno.

Quizá esto último es lo que el Papa está pidiendo. Quizá, por eso cuando mira lo mira a uno sólo. Quizá por eso atrae a las multitudes, pero le habla a cada uno. Quizá espera que cada uno hagamos lo mismo a nuestro alrededor, cada uno con nuestros a amigos. En sus palabras -quizá las últimas que nos dijo- nos dejó una tarea por delante: "hacer llegar el Evangelio de la vida al corazón de cada hombre y mujer, e introducirlo en lo más recóndito de toda la sociedad".

¿Porqué el Papa sólo sabe contar hasta uno?: porque cuenta con cada uno de nosotros...

Hosted by www.Geocities.ws

1