¿POR QUE VIENE EL PAPA?

Cuando dan los datos de lo que ha hecho el Papa, uno se pregunta de donde saca tiempo para todo eso. Algunos datos -que siempre se quedan atrasados- señalan que ha hecho un número admirable de viajes, encíclicas, documentos históricos (baste recordar el nuevo Catecismo de la Iglesia Católica), etc....

Por esto, uno se pregunta de donde saca el tiempo. El mismo lo contestaba una vez, medio en serio y medio en broma: Cuando no hago dos cosas a la vez, me canso. Cuando hago dos cosas, una me descansa de la otra. Es un hombre tremendamente dinámico. Incluso después de atentado, después de su caída y de su operación de la cadera...después de haber cumplido 75 años. Sigue siendo un hombre lleno de vida, de proyectos.

Parte de su secreto es la gran capacidad de concentración, que le permite aprovechar cada minuto del día, incluyendo los tiempos marginales, como son los traslados de un sitio a otro. Ya desde sus tiempos de Cracovia, incluso hizo instalar una lámpara en su carro para poder leer durante los viajes nocturnos.

La explicación de su eficacia se encuentra en parte, en su intenso horario de trabajo. Su jornada -relata L'Observatore Romano comienza a las cinco y media de la mañana; a las siete, tras la meditación, celebra la Santa Misa, a la que asisten ya invitados. Después de dar gracias por la Misa, recibe a esas personas, en una sala cercana. Hacia las 8 de la mañana, desayuna, con frecuencia con personas con quienes desea hablar con cierto detenimiento. Después va a su despacho, donde estudia brevemente con sus colaboradores el programa del día. Allí permanece trabajando sólo hasta las once. A continuación tienen lugar las audiencias privadas (unas quinientas anuales, y, como podemos suponer por lo que se publica, de gran compromiso, pues muchas exigen gran tensión y atención) en la biblioteca. El resto de la mañana está dedicado a audiencias de grupos en las salas del Palacio Apostólico, donde pronuncia un discurso relativo al tema de la reunión, congreso o actividad que hace la visita, imparte la bendición y

desciende del estrado a saludar a los visitantes, uno a uno y a intercambiar palabras con ellos, se fotografía, etc. Eso es la mañana: en la tarde, la oración, el estudio y el trabajo se prolongarán hasta bien entrada la noche. En fin, es un hombre muy ocupado en su lugar de residencia.

Y vuelve uno a preguntarse: ¿porque viene a Guatemala? Ahora vendrá a vernos. Y ¿para qué viene a visitarnos, si está tan ocupado? La respuesta la da el mismo, saliendo al paso a algunos que podrían pensar que viaja mucho, que indudablemente se cansa demasiado, se agota mucho..."Pienso que humanamente hablando tienen razón. Pero es la Providencia la que nos guía y de vez en cuando nos sugiere hacer cosas 'por exceso'"..

Cuando el Papa viaja -y lo ha demostrado infinidad de veces- no lo hace por turismo o por compromisos políticos. Lo hace porque quiere conocer a los hombres a fondo y vivir de cerca sus problemática, su sociedad, para ayudarles a encontrar a Cristo. Para ayudarles a ayudar a los hombres a vivir en plenitud su condición de cristianos. Es un gesto que quiere reflejar y continuar las correrías apostólicas de otros grandes viajeros: Pedro y Pablo. Y para conseguir estos fines, no han conseguido disuadirlo las timideces de algunos cristianos ni las prudentes razones de los hombres políticos. Sólo su gran amor y preocupación por los hombres explica este impulso viajero del Papa, que resulta agotador incluso para los mismo periodistas que le acompañan en sus viajes. En un hombre que confía en Dios y en El se apoya.

Así se explica que el Papa, siempre desborde las expectativas de acogida en todos los viajes -con personas cristianas o no-, porque han visto en este hombre vestido de blanco unos ideales, una bondad y una fuerza que ningún otro líder mundial podría proporcionarles. Como alguien comentó: Este Papa alivia miedos y temores porque no los tiene.

Por esto viaja el Papa, por esto viene a Guatemala. Recibámosle con agradecimiento y como el quiere: no con una afán de curiosidad de encontar cosas llamativas, pues lo que hará es insistir incansablemente -con 'música siempre nueva'- en la verdad siempre antigua y siempre nueva del Evangelio. Con deseos de mejorar, con deseos de cambiar. Su próxima venida es buena ocasión para esto.

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