EL PAPA QUE NOS VIENE

Refientemente el Papa estuvo en Naciones Unidas. Con esta ocasión, según destacó la prensa, se vió la gran popularidad que tiene: un índice de aceptación que cualquier gobernante -cualquier candidato-envidiaría.

Hay algunos que, no pudiendo negar esto, hacen hincapié en que lo aceptan a él, pero no a su doctrina. Y se enredan en mil encuestas sobre 'que piensa la mayoría' de la doctrina de Juan Pablo II.

Pero la verdad es que no sólo gusta la persona, sino que su doctrina (la doctrina cristiana de siempre, expuesta con garra) es recibida por multitudes. Incluso por grupos selectos es estudiada con admiración. Viene esto a colación por un editorial de The Wall Street Journal, del pasado 6 de octubre, en que analiza su pensamiento expuesto ante Asamblea de Naciones Unidas. Emplea un tono de admiración, inusual en este tipo de publicaciones.

Es interesante como destaca el vacio moral que los gobernantes no conseguieron llenar después del fin de la guerra fria. Por ejemplo el fracaso aún no resuelto de la paz en Bosnia. Y analiza un punto muy de fondo del Papa que, ahora que viene a Guatemala quizá es importante ponerlo de relieve. Es lo que en el discurso ante Naciones Unidas, que tanto entusiasmó a los editores del citado diario, llama la "ley moral universal, escrita en el corazón del hombre, que es una especie de 'gramática' que sirve al mundo para afrontar la discusión sobre su mismo futuro". Esta idea no es sólo teoría: es una realidad que da optimismo a las relaciones civilizadas con hombres de diversas culturas, con diversas concepciones de la vida.

Nos dice algo muy importante para cada hombre y para cada grupo social: vivimos en un mundo racional, con sentido, donde "hay una lógica moral que ilumina la existencia humana y hace posible el diálogo entre los hombres y los pueblos". "Si queremos que un siglo de constricción -de violencia- deje paso a un siglo de persuasión -de convencimiento, de diálogo- debemos encontrar un lenguaje comprensible y común, acerca del futuro del hombre".

Si no entendemos lo anterior, se dificulta toda convivencia humana,

no se entiende el pluralismo y surgen o se renuevan las guerras.

Viene ahora a Guatemala un gran hombre a visitarnos. Es bueno recordar su lenguaje, su mensaje.

Es cierto, como señalábamos, que falta mucho para que todos escuchemos atentamente su mensaje y lo pongamos en práctica. Pero analicémoslo para estar en sintonía con él cuando venga. El sólo análisis intelectual, como hace The Wall Street Journal, nos ayudará a abordar rectamente los problemas que tenemos, y concretamente en Guatemala.

Un motivo de agradecimiento y admiración -y de ejemplo para cada uno de nosotros- es el hecho de que el Papa no silencia las verdades porque haya quienes no las sigan. La verdad arrastra, y ésta es precisamente la razón por la que tan grandes multitudes lo siguen.

Juan Pablo II no hace sus viajes en busca del consenso o de una fácil popularidad. Los hace para recordar a las personas que pueden ser mejores de lo que son.

Las palabras de Juan Pablo II - como fueron las que pronunció ante un público tan heterogéneo como es una Asamblea de Naciones Unidas- inquietan las conciencias, tantas veces divididas entre lo que creemos y lo que hacemos. Tal vez este sea el secreto de su arrastre ante multitudes -o Asambleas selectas- que no siempre viven de acuerdo con sus enseñanzas. Son gentes que desean escuchar a alguien que les invita a superarse -con la verdad en la mano-, que les anima a poner la meta más allá de la mediocridad. Un estímulo que sólo puede molestar a los que han renunciado a proseguir un ideal más alto.

Algunas de sus frases dichas ante Naciones Unidas -donde finalmente fue despedido de pié con una ovación cerrada- pueden ilustrar algunas de las enseñanzas y el espíritu de este Papa que esperamos:

-"la humanidad debe aprender a vencer el miedo. Debemos aprender a no tener miedo, recuperando un espíritu de esperanza y confianza".

-"Debemos vencer nuestro miedo del futuro. Pero no podremos vencerlo del todo si no es juntos. La respuesta al miedo que ofusca la existencia humana es el esfuerzo común por construir la civilización del amor, fundada en los valores universales de la paz, de la solidaridad, de la justicia y de la libertad".

-"No debemos tener miedo al futuro. No debemos tener miedo al hombre. Cada persona ha sido creada a 'imagen y semejanza' de Aquel que es el origen de todo lo que existe. Tenemos en nosotros la capacidad de sabiduría y virtud".

-"Con estos dones, y con la ayuda de la gracia de Dios, podemos construir una civilización digna de la persona humana, una verdadera cultura de la libertad. ¡Podemos y debemos hacerlo!"

Quizá el reto personal que se nos presenta para agradecer la visita de este hombre, es que seamos lo suficientemente honrados para difundir sin miedo, como él, unas verdades que son lo las que ayudan a las personas y a la sociedad a ser mejores.

Hosted by www.Geocities.ws

1