PROTESTAR: SI SIRVE. ¿Y POR QUE?
Visité la página web desobedienciacivil.f2s.com. En esquema, presenta como consenso nacional dos puntos básicos: estamos ante un gobierno corrupto y, sobre todo, ineficiente. E invita, por lo pronto, a dos actividades concretas: no pagar impuestos los martes y jueves, y protestar el viernes 1 de junio, vestido de negro. Todo luce claro.
Comentando sobre el tema, alguien me preguntaba si valía la pena protestar... porque nunca se consigue nada... Sólo le contesté que por supuesto que si: hay que protestar y con buena puntería. Estos dos puntos quería comentar.
Ya hace unos veinte siglos, los romanos llamaban ius recusandi al último derecho, el de la protesta. Lo que podría traducirse libremente por el derecho al pataleo. Un pataleo histórico fue el de Nikita Kruschov, sucesor de Stalin por los años cincuenta, famoso por su política de deshielo, que alejó el peligro de una nueva guerra mundial. En plena asamblea general de la ONU, como no le escuchaban, se sacó el zapato y comenzó a golpear con la mesa... Un poco salvaje, pero le atendieron.
En lo personal pienso que el protestar es muy bueno, en primer lugar para uno. Hay que
tener capacidad de protesta interior. Esto siempre. Y después, en el momento y del modo oportuno, la exterior. Si no se convierte uno en un componente del gran rebaño de corderos. En el plano político, como señalaba Zapeta, mi cobardía –que eso es no protestar- es la ventaja del gobierno. Aunque aquí, me refiero no solo a la política, sino a la vida en general, al interés por la sociedad, cosa que por supuesto influye en la preocupación política por la marcha del país.
Porque no basta protestar. Por supuesto hace falta la energía y pasión de los jóvenes,
Porque hay sociedades (¿Holanda...?) que posiblemente no sean corruptas, incluso que
estén financieramente bien administradas... pero son muy desgraciadas. Son sociedades que matan niños, ancianos, pretenden basar familias en uniones de homosexuales, incluso que adopten niños... Son sociedades que han perdido la capacidad de protestar. Porque lo más grave no es que haya países en que se cometan esas atrocidades, sino que, cuando los dirigentes hacen otra barbaridad, nadie levanta la voz, o, si lo hace, es tachado de atrasado. La aceptación social de la cultura de la muerte y del egoísmo generalizado es clamorosa. Y todo ello, por el egoísmo y la cobardía de haber dejado de protestar por lo que realmente es el futuro del país. Han perdido el rumbo.
Nos enfrentamos ante el reto de la superación del relativismo ético, que lleva a una
Volviendo al comienzo. Protestar es muy bueno. Y tener puntería. Hay que evitar que un
A propósito del viernes 1 de junio: vestirse de negro no está al alcance de todos. Mejor cambiar por una campaña de un listones negros, que se lo puede poner uno en el brazo, al carro, hasta al chucho... Seamos prácticos.