EL IVA, NACIONES UNIDAS Y EL NUEVO ORDEN MUNDIAL
La declaración del Presidente Portillo de no subir el IVA parece que nos tomó por sorpresa a muchos. Entre ellos a Minugua, que según primera plana de este diario, nos vaticinó un sombrío porvenir y, delicadamente, dejó caer que no habría dinero para los fondos de paz.
Bien es verdad que Minugua no hace sino seguir al pié de la letra el lema de su Secretario General, Kofi Annan: "La soberanía no es un escudo". Por otra parte, me impresionó positivamente el reportaje de Time, sobre su figura. Pienso que todos compartimos su deseo de que éste sea un mundo donde impere la dignidad. Pero hay algo más, que quería comentar, y que nos afecta todavía más que la subida o no del Iva. Me refiero a la reciente Asamblea General de las Naciones Unidas (del Milenio). Su propósito fue lograr el consenso para que se apruebe la reforma de la ONU, que incluye el megaplan de Kofi Annan, que le otorgaría un gigantesco poder sobre todos los asuntos sociales, políticos y económicos mundiales.
Ya en ambientes internacionalistas se discutía su visión de un nuevo orden mundial; ahora se une una voz autorizada, la del Cardenal Ratzinger, sobre el papel de la ONU en este nuevo milenio. Interesa su dura crítica (Avvenire, Milán, 15-09-00), sobre este «Nuevo Orden Mundial».
En la Conferencia sobre la población (El Cairo, 1994) y sobre la mujer (Pekín, 1995) quedó clara «una verdadera y propia filosofía del hombre nuevo y del mundo nuevo». Un punto clave es reducir los comensales de la mesa. «Una filosofía de este tipo no tiene ya la carga utópica que caracterizaba el sueño marxista --explica--; por el contrario es muy realista, en cuanto que fija los límites de los medios disponibles para alcanzarlo y recomienda, por ejemplo, sin por esto tratar de justificarse, que no hace falta preocuparse por el cuidado de aquellos que ya no son productivos o que no pueden ya esperar una determinada calidad de vida». Esta filosofía, continúa diciendo, no pide a los hombres, habituados a la riqueza y al bienestar, hacer sacrificios para el bienestar general, «sino que propone estrategias para reducir el número de los comensales en la mesa de la humanidad, para que no se vea afectada la pretendida felicidad que estos han alcanzado».
En relación a la mujer, «la peculiaridad de esta nueva antropología, que debería constituir la base del nuevo orden mundial --revela--, resulta evidente sobre todo en la imagen de la mujer, en la ideología del "women's empowerment" (la autorrealización de las mujeres), nacida de la Conferencia de Pekín. Sin embargo, los principales obstáculos que se interponen entre ella y su autorrealización son la familia y la maternidad».
«Por esto --explica el cardenal alemán reflejando las posiciones de agencias de la ONU--, la mujer debe ser liberada, de modo especial, de lo que la caracteriza, es decir, de su especificidad femenina. Esta última está llamada a anularse ante una "gender equity" (equidad de género) y "equality" (igualdad), ante un ser humano indistinto y uniforme, en la vida del cual la sexualidad no tiene otro sentido sino el de una droga voluptuosa, de la que se puede hacer uso sin ningún criterio.
«En el miedo a la maternidad que se ha apoderado de una gran parte de nuestros contemporáneos entra seguramente en juego también algo todavía más profundo --aclara--: el otro es siempre, a fin de cuentas, un antagonista que nos priva de una parte de vida, una amenaza para nuestro yo y para nuestro libre desarrollo». «Al día de hoy no existe ya una "filosofía del amor" --concluye Ratzinger refiriéndose a este pretendido Nuevo Orden Mundial--, sino solamente una "filosofía del egoísmo". Es justamente en esto donde el hombre es engañado. En efecto, en el momento en el que se le desaconseja amar, se le desaconseja, en último análisis, ser hombre". Concluye Ratzinger –y muchos estamos de acuerdo-, que ante esto todos tenemos el deber de protestar.