ONU O LA IGLESIA DE MALTHUS

Las críticas esta vez no vienen de países tercermundistas. Es nada menos que "The Wall Street Journal" quien atacó duramente el "fundamentalismo" anti-población de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), en una nota editorial del pasado 6 de julio, titulada irónicamente "La Iglesia de Malthus". En ella señala que las naciones occidentales no deberían contribuir a financiar el fanatismo de las burocracias controlistas. Según el The Wall Street Journal, la idea maltusiana de que la población crece exageradamente respecto de los recursos humanos "se ha convertido en una ortodoxia establecida, completada con sus sumos sacerdotes y sus devotos", especialmente al interior de la burocracia de la ONU.

Durante décadas, la ONU ha sostenido que el desarrollo económico dependía del control poblacional, dice el influyente diario neoyorquino; pero señala que en años recientes, sin embargo, los esfuerzos se han visto cuestionados con revelaciones sobre abortos forzados en China, esterilizaciones forzadas en la India y así por el estilo. Según el diario, "el mundo sería un lugar más pacífico si a las naciones se les permite producir sus propias legislaciones por sí mismas", en vez de aplicar mundialmente las pretensiones de una burocracia internacional -lease ONU-. Pero la autonomía y la diversidad no son una vía para la ONU".

En este sentido The Wall Street Journal critica el intervencionismo de la ONU, cuyo Comité contra la Discriminación de la Mujer, por ejemplo, expresó "preocupación" porque la legislación chilena no permitiera el aborto y el divorcio. "Y aunque su discurso sobre reducir población se amortigua con términos como 'libertad individual' o 'elección', su contexto "es el de un mundo donde más bebés -especialmente bebés amarillos, marrones o negros- son vistos como un mal que amenaza el bienestar de todos", denuncia el diario.

Todos esos argumentos son una repetición del catastrofismo del controlista Paul Ehlrich, que en 1974 señalaba que el mundo estaba al borde de la hambruna generalizada, o del presidente del Banco Mundial, Robert McNamara, para quien la sobrepoblación era una amenaza mayor a la guerra termonuclear. "Lo que no oiremos de la ONU -señala el Wall Street Journal- es que las noticias desde el terreno son muy diferentes. Un informe del Banco Mundial señaló que en casi cualquier índice imaginable -mortalidad infantil, expectativa de vida, consumo de calorías, educación primaria- la vida ha ido mejorando, y que los más grandes avances se han producido en el Tercer Mundo".

"Ciertamente el mensaje aquí es que la manera de mejorar la vida de los pueblos del Tercer Mundo no descansa en el sendero favorito de la ONU de confabuladores internacionales, que descubren cada vez más 'derechos' -especialmente el tipo de 'derechos' que no pueden obtenerse sin la masiva expansión de los servicios estatales-", y agrega que las naciones occidentales no deberían "seguir extrayendo aún más dólares de sus propios trabajadores para financiar programas encaminados a limitar el número de pobres". "En el esfuerzo del Cairo de la ONU, lamentablemente, lo que esencialmente se nos deja es una iglesia que intenta desesperadamente pintar un nuevo rostro al ya desacreditado credo maltusiano".

Por otra parte (ACI, jul 24), quizá confirmando lo anterior, la División de Población del Departamento de Asuntos Económicos de la ONU lanzó su primer cuadro estadístico titulado Envejecimiento Poblacional 1999, que reconoce oficialmente la existencia del problema a nivel mundial, cuyas raíces se encuentran en las políticas controlistas promovidas por el propio organismo. Este sería tema muy interesante para otro comentario.

 

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