UNA LLANTA CON 83 PINCHAZOS

Siglo 21, 28 marzo 1998

Cuando se publique este artículo, si anularon ya el Código de la Niñez, sirvan estas líneas de epitafio: Aquí yace quien en vida fuera... Si aún vive... son ideas que pueden servir.

No pensé que hubiera tantas personas interesadas en el tema; muchos preguntaron cómo acceder al Código de Honduras que recomendé, porque en mi artículo anterior había un error en el dato de cómo bajarlo. Es: http:www .us.net/cip/cdh/ninez.htm.

Hace pensar la diferencia de aceptación de los dos Códigos, en países de culturas y raíces semejantes. El de Honduras no provocó oposición; el nuestro ha recibido el rechazo de miles de padres de familia. Es evidente que el primero, además de reflejar los principios de la Convención del Niño, suscrita por ambos países, se adecúa a la realidad social del país. El nuestro introduce en la familia elementos extraños a nuestra idiosincrasia.

No estamos ante el dilema: Código o bienestar de la niñez. Es precisamente lo contrario: todos ven que el Código, salvando buenas intenciones de sus autores, va a destrozar a la familia. No estamos sólo ante inconstitucionales, que podría arreglarse. Todo el Código es inconstitucional; todo él va contra la familia.

Hace pocos días hubo un congreso de intelectuales en Sudamérica. Había latinos y europeos. En una sobremesa, hablaban de los grandes problemas de estos países: desplazamientos, desnutrición, etcétera. Al final, uno preguntó con cierta sorna a un danés: y ustedes, ¿ tienen algún problema? Aquel respondió: Tenemos uno: la soledad. Se hizo un denso silencio. Aclaró: En Dinamarca la gente se siente muy sola, cada uno va a lo suyo, quizá por eso hay tantos suicidios. En ustedes hay sentido humano, de familia, que nosotros no tenemos. Lo de ustedes se arregla con programas y medios inteligentemente administrados. Lo nuestro... no sé cómo. y concluyó: No pierdan lo que tienen.

Pensé que sí tienen solución. Es sólo una: recuperar el sentido originario de familia. Y me reafirmé en mi idea inicial: el rechazo que presenciamos al Código del Niño es porque la gente se da cuenta y está defendiendo a nuestra sociedad.

Algunos piensan que la sociedad occidental va en un deterioro irreversible. Que hay deterioro, de acuerdo. Pero que sea irreversible, por supuesto que no. Lo que no podemos es ser insensatos. Insensatos, como Dinamarca, que ha deshecho legalmente la base de la familia: basada sobre el matrimonio de

; siempre. Insensatos, como Inglaterra, Estados Unidos... que ahora intentan fortalecer a la familia, después de haberla deshecho con una legislación disolvente del matrimonio y de la familia. O como Suecia, que están premiando ahora la natalidad, después de haber realizado campañas criminales de esterilización, control natal, sexo seguro... como si fueran vacas, ahora, que sean más. O como Francia, con su Ministerio de la Familia... para volver a lo que maltrataron. Es de locos. Eso deshace una sociedad. La han deshecho, aunque pienso honradamente que no irreversiblemente...; porque la persona humana es una cosa muy valiosa y capaz de rehacer valores. Pero no juguemos, que tiene costos muy altos. Al menos, no nosotros; estamos a tiempo.

Mi conclusión sobre el Código -y la de muchos- es algo muy positivo y constructivo: hay que rehacerlo totalmente. Es como una llanta que tenga 83 pinchazos; hay que comprar otra.

El nuevo Código -veamos el de Honduras- debe ser sobre la base de que la familia es anterior al Estado y los padres tiene primacía sobre el Estado en lo que le es propio. Y hay que matar esa terrible organización de vigilancia del Código, que recuerda a la tenebrosa Gestapo nazi.

Hosted by www.Geocities.ws

1