DERECHO AL HIJO żO DERECHO A PADRE Y MADRE?

El planteamiento del titular podría parecer una pregunta innecesaria, pero infortunadamente no lo es, al menos para unos pocos. Son personas en las que se cumple aquel dicho, de que hay para quienes el estar en el poder sólo les sirve para hacer las mismas tonterías, pero con más solemnidad. Es el caso del Parlamento holandés, que aprobó una propuesta del gobierno que prevé el matrimonio civil para personas del mismo sexo. Además, como poniendo la guinda en el pastel, los legisladores holandeses han afirmado que estas parejas tienen derecho a tener hijos, razón por la cual han abierto el camino a la posibilidad de que puedan adoptar niños. Por supuesto que hay grandes protestas y esperemos –por el bien de los holandeses- que den marcha atrás.

Pero como dicen algunos sabios, es bueno considerar los errores para que resalte la verdad. La verdad de siempre, que lo primero a que tiene derecho un niño es a ser concebido en el vientre de su madre y a ser educado por papá y mamá. El parlamento holandés cayó en la absurda tentación modificar las leyes de la naturaleza, una gran tontería y un gran daño para la entera sociedad.

Se ve aquí gráficamente lo que es de sentido común: el derecho, la legislación, si no tiene principios y valores objetivos, es peligroso. Porque, en el caso que comentamos, llegan a la incongruencia de decidir que se puedan adoptar niños siempre que sean holandeses, no niños extranjeros. Por supuesto, mejor para los niños extranjeros; pero el tema es que son legisladores sin base, legislando por pura presión de grupos bien orquestados y probablemente bien pagados. Están olvidando que los valores morales trascendentes no pueden dejarse de lado a la hora de legislar, pues el derecho positivo no tiene en sí mismo su propio fundamento y se llega a insensateces como la que comentamos. Hace unos días lo comentaba Juan Pablo II a un Congreso de la Unión Internacional de Juristas: «Un derecho que se separa de los fundamentos antropológicos y morales lleva consigo numerosos peligros --aclaró--, pues somete las decisiones al puro arbitrio de las personas que lo emanan, sin tener en cuenta la dignidad insigne del prójimo».

Aquí entra a colación un tema conexo, que en Guatemala es tema tabú para muchos, sinónimo casi de ilegalidad. Pero que no es así, no tiene por qué serlo. Es la adopción. En esto el planteamiento es el de siempre: lo más importante son los derechos del niño. Es evidente, como todos los educadores afirman, que la mejor educación es la que se ofrece por los padres. Y a falta de ellos, se puede garantizar la felicidad de los niños, permitiendo su adopción por un matrimonio; del único tipo de matrimonio existente, que es entre hombre y mujer. Y esto es por el derecho del niño.

La adopción es algo bueno, aunque como todo acto de la sociedad debe estar adecuadamente legislado y protegido de abusos. Precisamente la adopción es algo que sale al paso de la mentalidad de tener un hijo a cualquier precio, cayendo en la fecundación artificial que lleva consigo muerte de otras personas humanas; o el miedo a tener hijos, que son vistos a veces más como una amenaza que como un don. Transcribo a este respecto unas palabras recientes de Juan Pablo II, que sirven para cualquiera, cristiano o no.

«Es necesario vigilar para que el bien del niño se ponga siempre en el primer lugar, comenzando por el momento en que se desea tener un hijo. La tendencia a recurrir a prácticas moralmente inaceptables en la generación revela la absurda mentalidad de un "derecho al hijo", que ha sustituido al justo reconocimiento de un "derecho del hijo" a nacer y a crecer de manera plenamente humana». Frente a la mentalidad de quien quiere tener un hijo a cualquier precio, el Papa presentó más bien el camino de la adopción: «un auténtico ejercicio de caridad que apunta al bien de los niños antes que a las exigencias de los padres».

Hosted by www.Geocities.ws

1