LAS ENAGUAS DEL OBISPO
La frase del titular no es mRa. No me hubiera animado nunca a usarla, si no viniera de un Obispo: arzobispo por m<s seZas, de un pequeZo paRs cercano. El encabezado del peri\dico -lo copio entero porque no tiene desperdicio- decRa: "Arzobispo reprende a los periodistas. El prelado pidi\ a los periodistas y a la ciudadanRa en general que no sean minusv<lidos y que salgan de las enaguas de los obispos para resolver por sR mismos los problemas del paRs, pues para eso ahR est< la oposici\n y los periodistas, los polRticos y la gente."
Me vino a la memoria este incidente, ante un enardecido artRculo de un conocido columnista de otro diario, donde reclamaba a los Obispos una declaraci\n sobre el C\digo del niZo. No he logrado conseguir esa declaraci\n, pero entiendo que daban una respetable opini\n y dejan a los cat\licos que decidiera cada uno segdn su conciencia.
Que la opini\n que daban es respetable, no tengo ninguna duda, a pesar de esos ataques, por venir de quienes viene. Y tambiJn es cierto -no hay contradicci\n- que cada uno debe formar su propia conciencia y resolver en base a ella. Estamos ante un tema que afecta a la sociedad civil. Un hombre honrado cualquiera -y entre ellos un cat\lico, que es uno m<s- debe formar bien su conciencia en base a los valores Jticos universales. Y de ahR, con completa libertad y responsabilidad personal, resolver< personalmente, segdn su conciencia, el modo de modo de aplicar esos criterios a cada iniciativa.
En las quejas del enardecido artRculo al que me referR anteriormente, puede haber escondido un deseo de que otros resuelvan por uno. Eso no es bueno. Hay que correr el riesgo de la libertad responsable. Hay que actuar por propia iniciativa, sin echar en otros la responsabilidad de las decisiones. Ya pas\ la Jpoca en que se esperaban las soluciones concretas desde arriba.
Y en base a esto, muchos est<n dando y seguir<n dando su opini\n sobre el espero-que-moribundo c\digo del niZo. La mRa
-con propia firma- la indico de nuevo en esquema. El c\digo hay que abrogarlo por dos razones de fondo que lo hacen irreparable: 1) hace entrar al Estado -ll<mese Consejos, Juntas Municipales o como se quiera- en la familia, y esto es un daZo terrible para la familia, para la sociedad, y, por supuesto, para el niZo y para todos. Y 2) porque pone en juego un organismo poderoso y bien pagado para hacer esta tarea: estataliza a la juventud. Quiz< tardarRamos unos aZos en notarlo, pero ya serRa un daZo irreparable. Es tonto privatizar, por ejemplo los ferrocarriles, y estatalizar a la juventud. No tiene pies ni cabeza.
Hay muchas razones m<s: pretende imponer sistemas caducos europeos; viola la propiedad privada; da poder polRtico a grupos que no saben obtenerlo por la vRa democr<tica; viola el derecho a la educaci\n privada; introduce conceptos con honda carga antiJtica, como es el gJnero; tiene planteamientos de fondo confusos sobre la libertad de locomoci\n, conciencia, religi\n, fuentes de informaci\n, asociaci\n, educaci\n sexual... etc., etc. Y parten de una base indemostrada: que la familia esta muy mal. AZadirRa tambiJn que cae especialmente mal que vengan de fuera modernos piratas (algunas ong, algunos organismos internacionales) a asaltar la soberanRa nacional con pretexto de los derechos humanos. Ya me gustarRa saber que pasarRa si fuJramos a Holanda a defender los derechos de los ancianos en peligro de extinci\n (la eutanasia ya legalizada) o a Dinamarca, a alegarles por sus leyes corrosivas de la familia (matrimonios de homosexuales) o a Italia a preguntarles que hicieron con sus encantadores niZos (ya casi no se ven).
Ya que hablamos del tema, no est< de m<s una referencia a la postura opuesta: pretender que debe apoyarse el C\digo porque lo dicen los Obispos. Ya est< bien de personajes que, desde estructuras m<s menos eclesi<sticas, pretenden hacer pasar como opiniones de la Iglesia lo que son las suyas personales. Opiniones tambiJn respetables, siempre y cuando no se apoyen en la Iglesia. La Iglesia es una cosa muy seria, que tiene fines y canales de dar la doctrina muy bien concretados a lo largo de 20 siglos. Desde luego no lo son las declaraciones de personajes que no forman parte de la JerarquRa, sobre temas sumamente discutibles. Lo que no es respetable -al menos no es tolerable- es dar opiniones propias como si fueran de la Iglesia. Que cada uno peche con su propia responsabilidad de ciudadanos. Por supuesto, sin meterse en las enaguas de los Obispos. Porque no hace falta, y tambiJn por respeto a la JerarquRa Eclesi<stica.