EL CÓDIGO: SU MÚSICA DE FONDO

Cuentan de un niño que debía tener molestos inquilinos en pelo y se rascaba desesperadamente. Ante las advertencias: -niño, estate quieto, respondió: que se estén quietos ellos. Otra vez el tema del Código... si, hasta que se esté quieto, de una vez.

A la gente le encanta simplificar: muchos me dicen, bueno, dime lo verdaderamente malo, por qué no sirve. E es tema complejo, difícil concretar. Pero intentemos.

Lo malo del Código es que lo han hecho tomando modelos extranjeros y viendo el país como desde fuera, considerando que todo está mal en Guatemala. Que hay cosas muy malas y ocultas en la vida intrafamiliar. Pero esto no es verdad, está por demostrar. No basta la técnica de mostrar, del "botón de muestra": muestran un caso terrible, y concluyen ilógicamente: a saber cuantos casos más deben suceder sin que nos enteremos. No les hagamos caso.

Lo malo del Código es que piensan que la familia guatemalteca como institución ha fracasado. No es otra la consecuencia que se deduce de toda la presentación que hacen los mismos defensores. Además, pretenden introducirnos valores falsos, que ya han fracasado precisamente en esos países desarrollados que nos están imponiendo este código. No es verdad que la familia guatemalteca

-la de siempre, la que heredamos de nuestros mayores- esté en decadencia.

Lo malo del Código es que, sobre lo anterior, en vez de fortalecer la familia, mete masivamente al Estado a "arreglar el problema". No podemos hacer esa prueba, está en juego la verdadera supervivencia de nuestros valores y de nuestra sociedad. Recuerdo, me parece que es en Dinamarca, donde orgullosamente afirmaban haber superado el concepto de familia tradicional: ya la mujer era la que menos se dedicaba la hogar. Y, curiosamente, tuvieron que crear una entidad estatal, de unas 100,000 personas, que se dedicaban a atender los hogares: niños incluidos... Pobres niños daneses...

Esto es lo central. El Código crea una amplia superestructura, bien pagada por generosas ayudas del exterior, que será encargada de vigilar a la familia guatemalteca, educar al niño, y en definitiva entrará necesariamente en competencia con la familia. Se soliviantarán los ánimos de hijos contra padres, se sembrarán sospechas irresponsablemente. La familia saldrá necesariamente dañada y con ella el niño y la entera sociedad.

No deja de llamar la atención que en épocas en que se habla de disminuir el volumen del Estado, de que se disminuyen los efectivos del Ejército, se esté intentando crear un nuevo ejército, de 12,000 personas. Y además, pagadas con subvenciones del extranjero, con ideología foránea, que va a entrar en lo más sensible de la sociedad: el niño. Es de locos.

Esto es lo más terrible de este Código. Lo demás -atropellos a la libre empresa, a la integridad física, discriminación, etc.-, no se si podrá arreglarse o no; incluso se podría cambiar la Constitución... Pero lo que no puede arreglarse es la música de fondo de todo el Código: "el niño está mal, fuera la familia, entro yo: papá Estado. El problema no es que no se nombre la familia, sino que todo el Código prescinde dramáticamente de ella en todo su cuerpo de leyes.

Algunos hablan del costo político de rectificar. Que ya el gobierno rectifico una vez, que otra ya es demasiado. No se preocupen: es de sabios rectificar. Y si lo hacen dos veces, serán dos veces sabios. En el fondo, todos acaban respetando a los que reconocen los errores y los rectifican. Uno si se puede fiar de gente así.

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