EL ESTADO INTERVENTOR DE LA FAMILIA
Es algo poco razonable que en tiempos en que todo es descentralizar, el Estado pretenda intervenir a la familia con el proyecto de Código del niño. Como cuando se pone un "interventor" para los deportes, las aduanas, etc. La diferencia es que aquí está entrando en corral ajeno: su misión es proteger la familia y fortalecerla, con legislación adecuada. También intervenir supliendo, cuando y hasta donde no lleguen familias concretas.
Ya pasó el tiempo -parecía haber pasado- en que la responsabilidades de hacer la sociedad como debe ser, se dejaba en manos de los responsables de la cosa pública, como si fuese únicamente el Estado -con sus leyes y normas- el responsable de llevarlo a cabo. Precisamente el nuevo Código pone en manos del Estado una superestructura poderosísima (Consejos Nacionales, Departamentales, Municipales, Juzgados específicos, etc., etc.) que va a intervenir dentro de la familia, debilitándola haciendo un gran daño a la sociedad entera. Veamos algunos puntos.
1. Sin duda, en las familias se dan problemas, auténticos delitos. Pero para esto basta una adecuada legislación y una ágil administración de justicia. Basta lo que tenemos (el Código de Menores, actualmente vigente), mejorándolo en lo sea preciso.
2. Los males morales se arreglan con remedios morales. Y esto debe hacerlo la sociedad civil, no el Estado.
3. Hay que evitar caer en el reduccionismo de valorar sólo la parte material. No es que eso no sea importante y que deba corregirse. Pero hay que tener la valentía de decir que más sufre un niño cuando sus papás están tan inmersos en una sociedad de consumo, que descuidan -o rompen- la familia, los maleducan -los deforman- profundamente y crecen sin valores. Porque esos valores que sólo se aprenden en la familia, es lo que realmente les servirá a la hora de afrontar personalmente la vida. Que no vengan países que tiene sociedades caducas, sin valores, con altos porcentajes de niños sin familias y con grandes problemas, a decirnos como debemos ser. Los valores que tenemos -si, los tenemos, a pesar de lo que digan los profetas de desgracias- no podemos ponerlos en venta por ayudas de sociedades fracasadas.
4. Y no seamos ingenuos de creer a los que afirman que suceden más desgracias de lo que se piensa, que hay muchos delitos ocultos que no se denunciaasn. Porque, si son ocultos ¿como los saben ellos? Y, ¿cómo podrá cuantificarse, si, como afirman, son pensamientos? No nos dejemos engañar por testimonios sueltos, por muy dramáticos que aparezcan. Es la vieja técnica del caso límite. Presenta algo dramático, y concluyen ilógicamenete: vamos a asumir que sucede mucho y vamos a legislar en base a ello. Por cada caso desgraciado, se podrían presentar miles de casos felices. Protejamos a aquellos, pero no deshaciendo la familia, que es la que puede hacer felices a todos.
Para terminar, hay dos engaños que he visto recientemente. Uno es pensar que aunque lo ponga en vigor, eso no va a funcionar aquí... No se hagan iliusiones suicidas. Si dejamos que entre en vigor, si puede funcionar: hay mucho dinero -de fuera- y consiguientemente mucha gennte dedicada a eso -pagada por dinero de fuera- que, aun sin pretenderlo, van a envenenar las familias.
Este Código es inadmisible. No se trata de arreglarlo, no se puede. Incluso muchos plantean si es necesario un Código. Si bastaría una legislación penal adecuada y buenos mecanismos judiciales. En todo caso -y con muchas dudas sobre su necesidad- se podría hacer un Código de defensa de la familia, pero hecho aquí, por gente que conoce nuestros valores y nuestra idiosincrasia.