EL CÓDIGO DE LA NIÑEZ, UN PROYECTO CONGELADO
Hace un par de años, The Globe and Mail de Toronto, reseñaba la concesión de los premios Datos Dudosos, concedido en Washington para mejorar la transmisión al público de la información científica y estadística. Recuerdo dos de ellos: el premio "Gracias, profesor" a la mejor información de lo obvio, por un comentario de que "si las tasas de embarazos de adolescentes no siguen disminuyendo, en los próximos años aumentará el número de embarazos de adolescentes". El otro ("Bellas teorías echadas abajo por los malditos números") fue otorgado al Ministerio de Justicia norteamericano, que afirmó que cada doce segundos una mujer era objeto de malos tratos. Resulta que esta frecuencia es mayor que la de todo el conjunto de delitos violentos.
En la propaganda habitual en favor del código del niño se suelen aducir una idea correcta (hay que proteger al niño), junto con medias verdades. Hay que leer entre líneas, como siempre que nos recetan estas medias-verdades, a veces peores que las falsedades.
Por ejemplo, se afirma que hay que respetar la familia guatemalteca, pero también los compromisos internacionales, y se añade algo que podría ser una velada amenaza: en un mundo cada vez más interdependiente y globalizado. Algo así como que si esto no se aprueba, no tendremos ayudas. Parece haber conflicto entre proteger la vida íntima de la familia guatemalteca y las ayudas de fuera...
Por ejemplo, se suele decir que hay que sostener la preeminencia de la familia, pero que deben tenerse más en cuenta las exigencias del Estado, al que se presenta como el verdadero salvador de la niñez. Como si tuvieran intereses antagónicos.
Por ejemplo, se habla del caso límite del niño sin familia, para acudir al Estado como a un hada madrina, que venga a salvarlo. Es la llamada técnica del caso-límite: se presenta el caso y después se crea, en base a él, la legislación general.
Por ejemplo se suele presentar a la juventud de Guatemala como desamparada, maltratada y abandonada por sus progenitores, desatendidos por sus familias, vistos indiferentemente por las iglesias, las empresas y las distintas formas de organización de la sociedad etc., etc. Es obvio, que el espíritu del Código es que todo está mal y todos han fracasado: es la hora... del Estado. Este es el proceso a que podemos llegar si se pone en vigor este código. Fue la atentación de Hitler, Stalin y de cuantos dictadores ha habido. Nos jugamos en esto la vida de la sociedad.
Y se quiere ignorar que más daño hacen las políticas dirigidas a controlar la población, dando una imagen enferma de la familia y que falsamente hacen al niño una amenaza para su bienestar. Esto sí es daño para el niño.
Se quiere ignorar que cuando el Estado se salta por sistema a la familia, aun para ayudar al niño, entonces se anula a la familia y la sociedad entera sufre. Caso actual de países desarrollados -algunos de los que nos quieren ayudar- que tiene sociedades deshechas por miopía de gobiernos que maltrataron a la familia.
El problema del Código del Niño es su punto de partida. Según él, el Estado es el responsable directo de "lograr el desarrollo integral y sostenible de la niñez guatemalteca". Pero si se mete en la familia, le hace daño, aún no pretendiéndolo. Los abusos que haya dentro de la familia no se puede solucionar metiendo un policía en la casa -que eso es lo que haría el dichoso código-, ni soliviantando los ánimos de hijos contra padres ni sembrando sospechas irresponsablemente.