NIÑOS, CÓDIGO... żO FAMILIA?
Cuando se habla del Código del Niño, todos están de acuerdo en que hay que proteger a los niños. El punto es cómo hacerlo. Como el cazador, no basta disparar la escopeta, porque se le puede dar al compañero en vez de a la caza. Hay que disparar con puntería.
Como señalaba, todos quieren proteger al niño, porque son personas muy indefensas. Pero el niño no nace ni está sólo: está en una familia, que a su vez, es la base de la sociedad. El problema de fondo es éste: que para proteger al niño a quien hay que proteger es a la familia. Ella es la que cuida al niño. Cuando el Estado entra a proteger al niño directamente, incluso con la mejor buena voluntad, hace daño a la familia y con ella, al niño. Y además, como la familia es la base de la sociedad, si ella se deshace, la sociedad colapsa. Un verdadero problema por falta de puntería.
Este entrar directamente a "proteger" a la juventud, ha sido la tentación de todos los totalitarismo estatales desde Napoleón. Uno de los últimos ejemplos lo tuvimos en los nazis: igual que muchas dictaduras se han caracterizado por una gran "preocupación" por la formación de la juventud, por supuesto, a costa de la familia.
El pecado de origen de este código no son solo las cosas que dice -que podrían ser en sí subsanables- sino lo que omite y que dice medias-verdades. Basta leer las Consideraciones Básicas (arts. 1 a 8) para detectar el error de base: habla del niño como si fuera un ser que acaba de entrar en sociedad, inválido, al que hay que proteger mediante leyes. Esta es la gran omisión: en ninguno de los artículos, que se supone básicos, cita a lo que realmente protege, debe proteger al niño: la familia. La ignora.
Medias verdades que contiene son la enumeración, por ejemplo, de las libertades del niño (art. 13). Nadie se atrevería a negar que el niño debe ser libre. Pero dar una lista de esas libertades (locomoción, opinión y pensamiento, de religión, lugar para practicar deporte, recreación, acceso de la información, etc., etc.), prescindiendo de que el niño está bajo la tutela y la patria potestad, es decir, de que está en una familia, es un error. Volvemos a lo mismo: la falla de origen de este Código -que lo invalda todo- es prescindir de la familia. Y al entrar a proteger al niño, a costa de la familia, se daña al niño y a la sociedad.
Nadie dice que el Estado, y la sociedad en general -no sólo el Estado-, no pueda y deba hacer mucho en favor de los niños. Por supuesto penalizando los atentados contra la niñez. Pero, sobre todo, con unas acciones decididas de fortalecimiento de la familia. Sólo así fortalecen la niñez.
Por ejemplo, nadie ignora el daño que hizo a la familia en Estados Unidos la simplificación del divorcio por los años 70, con problemas precisamente para los niños. Ahora algunos Estados están estudiando iniciativas para fortalecer la estabilidad del matrimonio y de la familia. En Florida se debate una ley para rechazar el divorcio sin causa, en caso de tener hijos. En la Asamblea de Michigan se está debatiendo una ley que obligaría a realizar cursillos prematrimoniales. Estos son sólo ejemplos de acciones inteligentes del Estado en favor de la niñez.
Pero el Estado puede tener otras muchas iniciativas positivas, como podrían ser, entre otras, disposiciones legales que eviten que la maternidad sea un obstáculo real para la presencia de la mujer en el ámbito laboral, apoyo fiscal a la unidad familiar, subvenciones por el número de hijos y específicamente por hijos minusválidos, auxilios por viudedad, orfandad, etc. Proteger al niño debe pasar necesariamente a través de la protección a la familia, hacer presente su bondad social sin complejos. Esto si es tarea que está en nuestras manos -y no sólo del Estado-: lo demás vendrá por añadidura.