UN CONCEPTO ALGO TORPE DE LA NAVIDAD

Viene la Navidad, y con ella abundancia de slogans comerciales, frases más o menos cursis. También, otras muchas llenas de contenido: Que la paz les acompañe en estos días... Que el Niño Dios les llene de felicidad... Una Santa Navidad... y muchos añaden: En unión consu familia. Son grandes verdades y valores que forman parte de una cultura cristiana, y es compartida incluso por no cristianos. Muchos, son valores universales.

Por contraste llama la atención un comentario navideño, a cargo de la columnista Cyntia Crossen, en The Wall Street Journal. Tuve la paciencia -no se si el error- de leerlo completo y se detecta una diferencia salvaje de concepción de la Navidad. Cuentan que a algunos les sirve la cultura, la facilidad de escribir, para decir las mismas tonterías que propagan algunas gentes poco cultas, pero con mayor solemnidad. Las misma tonterías, pero mejor escritas. Pésimo negocio.

El tema lo centra muy bien en la primera frase: Si las compras navideñas sirvieran de indicación de lo que pasa por las cabeza de quienes las hacen, podría decirse que este año los estadounidenses están diciendo "yo me amo" con una determinación frenética. Y lo presenta con ejemplos -según ella- elocuentes: una que compra 13 regalos, dos para su novio y el resto, para ella, con una tarjeta a su nombre. Las "razones" -si eso fuera razonar- también son elocuentes: me lo merezco... Yo trabajo y estudio muy duro... ¡Feliz Navidad para mí!.

La articulista hace una falacia -engaño oculto- al exponer que los estadounidenses están superando la falta de autoestima: las expresiones "yo", "mío" y "para mí" -observa-, ganan cada vez más espacio en las listas de compras navideñas.

¿Porqué es poco sensato este planteamiento de la Navidad?

Por supuesto que uno puede comprar para si mismo lo que quiera. Pero decir que eso es un regalo, es forzar el lenguaje y falsear la realidad. Un regalo es dar algo a alguien como muestra de afecto. Lo otro, legítimo, se llama comprarse algo.

Y llamar autoestima al egoismo, es racionalizar el error. Uno puede tener todos los vicios que quiera, pero lo malo es cuando uno los esconde, llamándolos por otro nombre. Con respecto a la autoestima, es bueno recordar las declaraciones de la psiquiatra doctora Laura Schlesinger, en The Daily Telegraph: "Yo no creo que exista eso que llaman la autoestima. La gente habla de ella como si fuera su hígado o su intestino. No te preocupes demasiado con tu autoestima; preocúpate por tu carácter".

Otra idea que viene a la mente, a propósito de este tena, es que el planteamiento que presenta está opuesto frontalmente a uno de los principales logros de la sociedad civil en estos últimos años del siglo XX. Es la convicción de que encerrarse en contemplarse a uno mismo, la postura egoista de centrarse en uno mismo es un daño incluso para la sociedad. Por el contrario, -y es quizá el trazo más característico de la nueva sensibilidad que se está abriendo paso-, el gastarse en promover el bien de los demás constituye un bien para uno mismo. La persona encuentra su mayor realización y plenitud en una donación a los demás.

No pretendo tomar a la tremenda el artículo al que me estoy refiriendo. Pero me trajo a la cabeza ideas, que me parece son apropiadas para un tiempo como éste de Navidad. El artículo, la verdad, no creo que haga daño; es, al lo más, como una nota discordante en un grandioso concierto.

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