NAVIDAD ¿DE QUÉ? ¿PARA QUÉ?
Ya recién comenzamos la celebración de la Navidad, días entrañables para que la familia y los amigos se reúnen. Y todos de una u otra forma nos ocupamos de la preparación de las fiestas. Jornadas de alegría y de compartir lo mejor de cada uno con los demás.
Por esto hay que mantener el sentido de las tradiciones, porque perderlo es empobrecernos. Es el caso de los niños ingleses. Sin pretender sacar demasiadas consecuencias –son niños, aunque sean ingleses-, una reciente estadística revela que para la mayoría, la figura central es Papá Noel y sus regalos. Lógico, pero tan sólo el 8% de los niños británicos asocia la Navidad con el nacimiento de Jesús. El estudio, fue realizado por la agencia Media Com TMB, ha entrevistado a 1.200 niños y adolescentes en edades entre los 8 y los 16 años. El punto concreto de la encuesta en sí no tendría mayor relieve, si no se refriera a un país con graves problemas sociales originados por una pérdida de valores cristianos.
En Guatemala tenemos una gran suerte. Hay una cultura popular cristiana, que se refleja en muchos detalles. Recuerdo un póster de Paiz con un Niño Dios, y una leyenda programática: Existen mucha forma de ver la Navidad, pero sólo uno es el significado: en un día como éste, nació en Belén Jesús, el Cristo, Salvador del mundo. En triste y significativo contraste, la Comisión Europea enviaba su tarjeta de Navidad deseando un buen año y una gráfica de sólo caras... En fin...
Las luces de las calles, los adornos, los regalos, las fiestas recuerdan la fiesta. Es lo más exterior, que puede ser positivo, si nos preocupamos de no distraer el auténtico espíritu de la Navidad. Es más, en aprovechar todo esto. Un detalle son los regalos. A ello se refería en una fiesta como ésta Juan Pablo II, y es interesante oirlo. «Ciertamente la Navidad se ha convertido, y con toda la razón, en la fiesta de los regalos, pues celebra el regalo por excelencia que Dios ha hecho a la humanidad en la persona de Jesús. Pero es necesario que esta tradición sea vivida en sintonía con el sentido del acontecimiento, con un estilo sencillo y sobrio». En Guatemala estamos en tiempo de crisis... Recuerdo una familia en que los padres, a la hora de hacer regalos, acostumbraban a los niños a ir a hacer regalos –y no lo que sobraba precisamente- en primer lugar a alguna familia necesitada.
Hay muchos detalles que pueden aprovecharse para lo que venimos comentando. El árbol de Navidad, puede servir como complemento del portal de Belén, para crear «el
clima típico» de esta fiesta y ayudar a comprender mejor el sentido de lo que estamos celebrando. En Guatemala afortunadamente los Nacimientos están en consonancia con nuestra cultura, sólo hay que no perderlo.
Y otros muchos detalles. Sólo por enumerar algunos, cada vez tiene mayor raiz popular la Corona de Adviento, preparación de la Navidad. Igualmente las posadas, que en muchos barrios mantienen e incluso van incrementándose a partir del 15 de diciembre. Por no citar la quema del diablo, que tiene el sentido de recordar la Fiesta de la Inmaculada y –de alguna manera- el inicio de la Navidad. Cuidar que las felicitaciones de Navidad tengan un tema cristiano. Cosas todas ellas, que sirven bien orientadas.
En el tema de los regalos, comidas, etc., alguien comentaba que incluso estas fiestas son buenas para la educación de los más jóvenes, para no caer en una enfermedad que parece estar extendiéndose. Enfermedad descrita por Platón, hace 25 siglos, que se refería a la incapacidad del hombre de saciarse con bienes materiales. Decía: así como existe una enfermedad que se llama la anorexia (pérdida del apetito), hay otra enfermedad del alma que sería su contrario, la pleonexia o apetito insaciable de cosas materiales. Y que lleva a una perpetua insatisfacción: se tenga lo que se tenga, siempre se quiere tener más. Suena tema conocido en nuestra sociedad de consumo...
Lo que no hay duda es que estas Fiestas pueden ser una buena oportunidad, en las familias sobre todo, para tratar de encontrar las raíces de la verdadera alegría, y replantearse el modo en que quizá hemos celebrado la Navidad en pasadas ocasiones. Todo esto es posible si nos preocupamos en recuperar y mantener el sentido auténtico de la Navidad. Que no nos olvidemos de qué, o más bien, de quien es el festejado.